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domingo, 25 de octubre de 2026

Alumnos de secundaria y universitarios: el ocaso del macronismo

El actual movimiento de estudiantes de secundaria y universitarios marca el ocaso del macronismo. La juventud pide algo sencillo: recursos para formarse y acceder a una educación de calidad. Al hacerlo, la movilización en curso pone de manifiesto lo que sin duda es el fracaso más evidente del Gobierno actual: una reducción catastrófica y sin precedentes del presupuesto por estudiante, del 20% desde 2017.



En la práctica, esto significa que cientos de miles de jóvenes han trabajado duro para obtener el bachillerato, pero no se ha previsto nada para acogerlos en la educación superior. En concreto, el número de titulados en bachillerato tecnológico y profesional ha aumentado considerablemente, pero las plazas en los IUT y los BTS no han seguido el ritmo, por lo que muchos se ven asignados a carreras universitarias masificadas y menos costosas (y a menudo totalmente inadecuadas para sus necesidades y aspiraciones). El desperdicio humano y económico es gigantesco y pone de manifiesto una ideología profundamente desigualitaria y jerárquica del mundo. Para los macronianos, la prosperidad de las naciones depende de una ultraminoría de innovadores geniales y de los que van a la cabeza: a los demás se les pide que esperen pacientemente a que les llegue la riqueza.

 

La guinda del pastel: la escasez de plazas en la enseñanza superior se ha gestionado con la mayor opacidad posible mediante un algoritmo incomprensible (Parcoursup), a pesar de los repetidos llamamientos de los alumnos, las familias, los profesores y los investigadores para que se cambie el sistema. Todo ello en un contexto marcado por el fiasco de la reforma Blanquer del bachillerato, llevada a cabo en 2019 (con opciones de ramas cada vez más complejas e impredecibles para la orientación futura y horarios con huecos), y por las desigualdades estructurales entre territorios.

 

Los estudios realizados por Asma Benhenda a partir de los registros de nóminas del Ministerio de Educación muestran que la proporción de profesores con contrato temporal o noveles es de apenas un 10% en las zonas más favorecidas (París, Hauts-de-Seine) y alcanza el 50% en los departamentos más pobres (Seine-Saint-Denis, Val-de-Marne). En definitiva, el salario medio por profesor de secundaria es aproximadamente un 20% más bajo en las zonas más pobres que en las más ricas, incluso teniendo en cuenta las (escasas) primas que se abonan en el ámbito de la educación prioritaria.

 

Cuando el ministro de Educación recorre los programas de televisión afirmando que Seine-Saint-Denis está mejor dotada que París, basándose únicamente en el tamaño de las clases e ignorando pura y simplemente las diferencias salariales del profesorado, no hace honor a su cargo. La realidad es que las zonas desfavorecidas tienen clases (un poco) menos numerosas y profesores (mucho) menos formados y con menos experiencia. No es en absoluto seguro que salgan ganando con el cambio.

 

Para justificar la insuficiencia de los recursos educativos, y en particular la caída del gasto por estudiante, el Gobierno y sus partidarios alegan que Francia no dispone de los medios para invertir más. Al hacerlo, cometen un doble error de razonamiento. Es cierto que la deuda pública ha pasado del 20% del PIB en 1970 al 120% actual. Pero, al mismo tiempo, el patrimonio privado ha aumentado mucho más: ha pasado del 300% al 600% del PIB, con una concentración extrema en las mayores fortunas financieras. En otras palabras, el patrimonio nacional de Francia (la suma del patrimonio privado y público, tras deducir las deudas privadas y públicas) nunca ha sido tan elevado, no solo en términos absolutos, sino también como porcentaje del PIB (que, a su vez, nunca ha sido tan alto).

 

En resumen, Francia nunca ha sido tan rica: el problema que debemos resolver es únicamente una cuestión de distribución. La situación era mucho más difícil en 1945, cuando la deuda pública era aún mayor que hoy y los patrimonios privados estaban agotados. Eso no impidió la implantación de un impuesto de solidaridad nacional (ISN) con tipos de varias decenas de puntos porcentuales sobre los patrimonios más elevados, lo que hoy podría reportar ingresos mucho mayores. Quienes repiten una y otra vez que no cabe esperar nada sustancial por ese lado están, sin duda, muy en desacuerdo tanto con las matemáticas como con la historia.

 

El segundo error es aún más grave. Todo el mundo sabe que el gasto en educación y sanidad crecerá más rápido que el PIB en las próximas décadas. Pero, curiosamente, algunos parecen creer que sería más eficaz si se financiara con fondos privados. Sin embargo, todos los datos históricos y comparativos de los que disponemos sugieren, por el contrario, que el sector público, asociativo y sin ánimo de lucro obtiene mejores resultados que la lógica capitalista clásica en numerosos sectores, y en particular en la educación y la sanidad. Reinvertir hoy en estos sectores no es simplemente una cuestión de igualdad entre territorios y entre clases sociales. También es un reto fundamental para avanzar hacia la desmercantilización y la desmaterialización gradual de la economía y, más allá de ello, para construir otro modelo de desarrollo. Esperemos que la movilización actual contribuya a situar estas cuestiones en el centro de las próximas citas electorales.


Traducción del artículo original publicado el 20 de octubre de 2026 en el blog de Thomas Piketty.

sábado, 19 de septiembre de 2026

España impulsa un impuesto de la UE sobre el petróleo y el gas para financiar la respuesta al cambio climático

El aumento de los costes derivados de los fenómenos meteorológicos extremos impulsa la campaña de cara a la nueva estrategia de resiliencia

España declaró el estado de emergencia en la Comunidad de Madrid mientras los incendios forestales se propagaban sin control durante el verano más caluroso jamás registrado en Europa occidental. © César Manso/AFP/Getty Images

España quiere que la UE grave los beneficios de las empresas petroleras y gasísticas para financiar medidas de adaptación al cambio climático, después de que la sequía y los incendios forestales asolaran Europa occidental durante el verano más caluroso jamás registrado en la región.

La ministra española de Transición Ecológica (y tercera vicepresidenta), Sara Aagesen Muñoz, instó a la UE a crear un fondo de adaptación climática, financiado mediante medidas como un impuesto permanente sobre los beneficios del petróleo y el gas y la emisión de más deuda común, para ayudar a financiar las medidas de protección frente a los fenómenos extremos provocados por el cambio climático.

 

El Gobierno español formuló estas recomendaciones en una carta y un documento de políticas, a los que ha tenido acceso el FT, dirigidos al comisario de Acción por el Clima de la UE, Wopke Hoekstra, quien presentará este otoño una nueva estrategia sobre adaptación climática y resiliencia.


"Muchos Estados miembros están muy expuestos, como han demostrado claramente los acontecimientos recientes", afirmó Aagesen Muñoz. La estrategia debería hacer que Europa sea "capaz de anticiparse y responder de forma colectiva a los riesgos climáticos" y de "movilizar los recursos necesarios para realizar las inversiones requeridas".


Los incendios forestales y la sequía ya han perjudicado a la economía europea; España, por ejemplo, se remite a las estimaciones del banco Triodos, según las cuales el calor extremo podría reducir el PIB de toda la UE en torno a un 1% en 2026 y aproximadamente un 2,3% para 2050.


El sur de Europa, que incluye a España, Francia y Portugal, ha sufrido algunos de los efectos más dramáticos de las olas de calor de este año, entre ellos la escasez de agua y los incendios forestales.


Los economistas estiman que el coste de la sequía en Europa este verano ascendió al menos a 50.000 millones de euros, aunque un banco sitúa el coste total en hasta 180.000 millones de euros.


La perspectiva de veranos cada vez más calurosos ha supuesto un mayor impulso para que Europa invierta en prepararse mejor ante el cambio climático. "Los enfoques reactivos para abordar la vulnerabilidad climática han demostrado ser insostenibles", afirmó Aagesen Muñoz.


Esta iniciativa se produce tras los llamamientos independientes a favor de un impuesto sobre los beneficios extraordinarios de las empresas petroleras y gasísticas a escala europea, realizados por los ministros de Hacienda de Alemania, Austria, Italia, Portugal, Polonia y España en una carta enviada el mes pasado. La medida se debatirá en una reunión informal de ministros de Hacienda que tendrá lugar en Dublín los días 18 y 19 de septiembre.


Sin embargo, la Comisión Europea ha rechazado hasta ahora las presiones para imponer impuestos sobre los beneficios extraordinarios a las empresas petroleras y gasísticas que se benefician de la actual crisis energética, a pesar de haberlo hecho tras la invasión de Ucrania por parte de Rusia.


Las autoridades han señalado que los Estados miembros podrían introducir sus propios regímenes nacionales si así lo desean, y Portugal ha establecido un impuesto del 33% sobre los beneficios extraordinarios obtenidos en 2026.


Sara Aagesen Muñoz: "Muchos Estados miembros están muy expuestos, como han demostrado claramente los acontecimientos recientes" © Omar Havana/FT

Los directivos del sector del petróleo y el gas han pasado este año intentando rechazar las peticiones de nuevos impuestos sobre los beneficios extraordinarios, a pesar de haber anunciado beneficios récord tras el aumento vertiginoso de los precios provocado por la guerra de Irán.


Darren Woods, director ejecutivo de ExxonMobil, explicó a los analistas a finales de julio que la desindustrialización del sector del petróleo y el gas en Europa había dejado a la región con un déficit de refinerías, lo que provoca un aumento de los precios cuando surgen situaciones de escasez.


"Existe una enorme tentación [ . . .] de convertir al sector en chivo expiatorio. Penalizar a las empresas que han apoyado a esos países y han seguido suministrando ese producto es una medida muy miope", afirmó. "Cancelamos las inversiones que teníamos previstas para Europa, basándonos en la última vez que aprobaron un impuesto sobre los beneficios extraordinarios. De hecho, hemos presentado una demanda porque no creemos que se trate de una expropiación legal para el sector".


Meg O’Neill, directora ejecutiva de BP, también ha señalado que nuevos impuestos sobre los beneficios extraordinarios serían una "respuesta muy errónea a la situación", mientras que Patrick Pouyanné, director ejecutivo de TotalEnergies, advirtió en mayo de que, si Francia introducía nuevos impuestos, la empresa dejaría de limitar el precio de la gasolina a 1,99€ por litro. "Creo que los franceses preferirían beneficiarse directamente del límite de precios", afirmó.


Aagesen Muñoz también ha pedido que se tengan en cuenta los riesgos climáticos en el diseño de las infraestructuras, de modo que los nuevos proyectos sean resistentes al cambio climático, además de apoyar los planes actuales de la UE para mejorar los recursos compartidos destinados a hacer frente a los fenómenos meteorológicos extremos mediante el aumento de la flota de aviones de extinción de incendios de la UE y otras reservas.


Traducción del artículo original publicado el 4 de septiembre de 2026 en el diario británico Financial Times.

domingo, 13 de septiembre de 2026

España consigue una mejora de su calificación crediticia gracias a la solidez de su economía

Scope Ratings ha mejorado la calificación de España, lo que supone el último reconocimiento al destacado rendimiento económico del país.

La agencia elevó el viernes su calificación crediticia un escalón, de A a A+, la quinta calificación más alta dentro del grado de inversión.

La mejora refleja "un rendimiento económico sostenido, respaldado por una fuerte demanda interna y una disminución de las vulnerabilidades externas", señaló Scope en un comunicado, añadiendo que "los indicadores fiscales de España han seguido mejorando, lo que contribuye a reducir la carga de la deuda pública".


La cuarta economía más grande de la zona del euro ha superado continuamente a las demás economías de la región. La producción creció un 0,7% en el segundo trimestre, muy por delante de Alemania, Italia y Francia, y el Gobierno prevé un crecimiento del 2,6% para este año, casi el triple del ritmo que el Banco Central Europeo espera para el conjunto de la zona del euro.

La solidez de la economía ha dado lugar a mejoras en las calificaciones por parte de las cinco agencias de calificación que utiliza el BCE para evaluar las garantías.

"Las agencias de calificación internacionales, los mercados y los inversores han reconocido la fortaleza y la modernización de la economía española», afirmó el Ministerio de Economía en un comunicado a Bloomberg.

España puede ahora financiarse a un coste menor que Francia (una situación históricamente inusual) y también que Italia.

Las últimas emisiones de deuda sindicada del Tesoro han suscitado una fuerte demanda. Las solicitudes para un bono a 10 años emitido en mayo alcanzaron los 138.000 millones de euros, más de diez veces el importe vendido, según el ministerio.

Problemas políticos

El continuo buen comportamiento económico de España ofrece poco consuelo al presidente Pedro Sánchez, cuyo mandato se ha visto empañado por la falta de mayoría parlamentaria, las repetidas acusaciones de corrupción y una sucesión de crisis.

El país no ha aprobado un presupuesto desde 2023, y es poco probable que lo haga antes de las elecciones del año que viene.

"La elevada fragmentación parlamentaria de España y la debilidad del Gobierno en minoría provocan una gran incertidumbre política, lo que lastra el impulso reformista y la capacidad del Gobierno para responder con rapidez a las crisis", señaló Scope.

El verano político del país ha estado marcado por la crisis migratoria en Ceuta, una de las dos ciudades españolas situadas en el norte de África. El Gobierno sigue lidiando con las consecuencias del cruce ilegal de la frontera desde Marruecos por parte de unas 80.000 personas durante la última semana de julio. Aunque la mayoría de los migrantes regresaron en los primeros días, miles de ellos permanecen en la ciudad.

Scope destacó que la crisis de Ceuta "está debilitando aún más la posición del Gobierno".

Traducción del artículo original publicado el 11 de septiembre de 2026 en el diario estadounidense Bloomberg.

viernes, 11 de septiembre de 2026

"Cerraremos el año con un crecimiento del PIB cinco veces superior al de Italia" ¿Qué dijo Sánchez en la reunión del PSOE?

Tras un verano de enfrentamientos diplomáticos con Roma por la crisis de Ceuta (que llegó incluso a la suspensión del acuerdo de Schengen) y, en general, por la gestión de los flujos migratorios, el presidente del Gobierno español se toma la revancha frente a Giorgia Meloni.

"La renta real de las familias ha aumentado 9 puntos desde el inicio de la pandemia; ha crecido el doble que en Francia y el triple que en Alemania. Y terminaremos el año con un crecimiento cinco veces superior al de Italia, cuatro veces superior al de Alemania y tres veces superior al de Francia". Tras un verano de enfrentamientos diplomáticos con Roma por la crisis de Ceuta (que llegó incluso a la suspensión del acuerdo de Schengen) y, en general, por la gestión de los flujos migratorios, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en la reunión interparlamentaria del PSOE, se toma la revancha frente a Giorgia Meloni haciendo "publicidad comparativa" de su Gobierno ante los diputados y senadores socialistas y anuncia las prioridades de su Ejecutivo para el nuevo año de la legislatura.

Tras las cifras récord sobre el empleo femenino y la "creación de 1,5 millones de puestos de trabajo" desde el inicio de la legislatura en 2018, afirma: "Lo que ahora hace falta es, sin duda, consolidar este crecimiento económico con más derechos y una distribución equitativa, porque la desigualdad sigue siendo el principal talón de Aquiles de nuestra economía". Entre las reformas ya iniciadas y que se están debatiendo en el Congreso y que deben llevarse a buen término se encuentran la introducción del derecho al aborto en la Constitución, la reducción del número de alumnos por clase en los colegios, la tipificación como delito de las terapias de conversión para personas homosexuales y la ley sobre la protección de los menores en los entornos digitales. Al referirse a la situación en Ceuta, donde aún permanecen unos 5.000 migrantes, según los datos difundidos por el Gobierno español, el presidente Pedro Sánchez ha afirmado que "quien tenga derecho al asilo lo obtendrá y quien no lo tenga será repatriado". El líder socialista está interviniendo en la reunión de diputados y senadores de su partido, el PSOE, con motivo del inicio del nuevo año legislativo.


En el ámbito económico, el objetivo es conseguir aprobar la ley de presupuestos de 2027, a pesar de que durante tres años no lo haya logrado y haya tenido que prorrogar la de 2023. La prioridad absoluta será "la vivienda", asegura el primer ministro. "Será, una vez más, un presupuesto con la mayor asignación de inversiones sociales de la historia y con el rigor fiscal que caracteriza a nuestra administración", anunciando que también incluirá fondos para la cooperación al desarrollo.


Traducción del artículo original publicado el 7 de septiembre de 2026 en el diario italiano Il Fatto Quotidiano.

martes, 4 de agosto de 2026

¿Puede desaparecer la Unión Europea? Desde los misiles sobre Lublin hasta las "bombas humanas" sobre Gibraltar, ¿por qué nunca hemos tenido tantos enemigos?

Quizá nunca como en estos últimos años la Unión Europea se ha visto "rodeada" por tantos enemigos: por Rusia, que sigue poniendo a prueba la paciencia de Bruselas, por la Administración Trump y por cierta derecha estadounidense así como también por "figuras internas" que desearían que la UE se disolviera, como ocurrió con la URSS en 1991.

El ambiente vacacional, sumado a la vorágine de la actualidad, me anima a proponer a los lectores un nuevo juego de acertijos en el primer lunes de agosto. Encontrad los puntos en común entre la foto de abajo...



...esta otra foto de abajo...

 


...y esta tercera foto de abajo.



No hace falta decirlo, pero la primera foto, la de arriba, tiene tres días y muestra el asalto desesperado a las costas de Ceuta, en España, en el que participaron 60.000 personas y que causó al menos cien muertos. La segunda foto tiene cinco días y muestra el cráter de unos diez metros de diámetro abierto cerca de Lublin (este de Polonia), provocado con toda probabilidad por un misil balístico ruso. La tercera, en cambio, es del 8 de diciembre de 1991 y capta el momento de la disolución de la Unión Soviética: la firma del acta de divorcio por parte de los líderes de Rusia (Boris Yeltsin), Bielorrusia (Stanislaŭ Šuškevič) y Ucrania (Leonid Kravchuk), seguida de una larga cena a base de vodka y una sauna en el bosque bielorruso de Belaveža.

 

Me cuesta imaginar a Giorgia Meloni, al presidente del Gobierno español Pedro Sánchez, al alemán Friedrich Merz o a Ursula von der Leyen en una velada a base de bebidas fuertes con sauna al final. Pero lo que las tres fotos tienen en común es el objetivo: nunca ha habido tantas potencias externas, ni tantas fuerzas en ascenso en el interior, que deseen para la Unión Europea el equivalente a esa foto de Belaveža; ni tampoco ha habido nunca tantas acciones de guerra híbrida concebidas o, al menos, utilizadas desde el exterior con un propósito similar. Entre ellas hay que contar sin duda el asalto a Ceuta, así como la creciente presión de actos hostiles (misiles, drones, propaganda, fondos ocultos) que Rusia lanza contra el territorio europeo para sondear dónde está nuestra línea roja y hasta cuándo seguiremos tolerándolo.

 

No estoy proponiendo declarar la guerra a Moscú, claro está. Pero ninguna de las crisis que se suceden en las fronteras de la Unión Europea es puramente local. Ninguna de ellas se refiere únicamente a su problema específico: lo que está en juego en los acontecimientos de Ceuta no es solo la inmigración irregular. Lo que está en juego somos nosotros, nuestra forma de vida, la sociedad abierta. La Unión Europea y su democracia social de mercado estarán llenas de defectos, pero siguen siendo, con diferencia, mejores que las alternativas. Y nuestro modelo nunca ha tenido tantos enemigos externos (e internos) que desean su disolución: si no con una firma solemne en una dacha en el bosque, al menos con un debilitamiento gradual, pero radical, de sus valores y principios, de sus leyes y sus instituciones. Si eso ocurre, entonces los muchos que, incluso en Italia, han alimentado este desmoronamiento de Europa imaginándose pequeñas ventajas en las encuestas del próximo mes se darán cuenta de lo grande que era su ilusión. No pueden (y no podemos) tenerlo todo: una Unión que funcione como mercado para nuestras exportaciones, pero que esté políticamente hecha pedazos. Ya veremos.



Sí, somos una superpotencia

 

Hay que dejar claro que, a pesar de las dificultades sobre las que yo mismo he escrito a menudo, no hay que creerse la retórica de Trump. Las cifras cuentan otra historia. La Unión Europea sigue siendo, sin lugar a dudas, una superpotencia económica, la única del mundo además de Estados Unidos y China. A veces, incluso por delante de Estados Unidos o de China. El gráfico anterior, extraído del boletín informativo del economista Paul Krugman, muestra que seguimos siendo los segundos del mundo, después de Estados Unidos, en cuanto al tamaño del producto interior bruto expresado en euros o dólares, a valor corriente. El gráfico de abajo muestra, además, cómo también el valor añadido manufacturero de la Unión Europea (es decir, el valor creado en el producto final de la industria manufacturera, una vez descontadas las aportaciones de materias primas y otros elementos) ocupa el segundo puesto mundial, por delante de Estados Unidos. Si, además, se analiza el llamado "producto interior bruto en paridad de poder adquisitivo" (es decir, ajustado a los precios internos, con el fin de medir los volúmenes producidos), la Unión Europea se sitúa prácticamente a la par con Estados Unidos: alrededor de 30 billones de dólares al año de PIB para ambos, mientras que China se sitúa muy por encima.

 

Pero hay otro dato que da una idea de lo engañosa que es la retórica trumpista sobre el Viejo Continente que se ha venido repitiendo en estos últimos años. Desde 2022, el crecimiento de la Unión Europea ha sido del 23%, si se mide por habitante; el de Estados Unidos, en cambio, ha sido solo del 15,4% (según datos del Banco Mundial). Per cápita, los europeos crecemos más que los estadounidenses. La mayor tasa de crecimiento en términos absolutos de Estados Unidos respecto a la Unión Europea (entre 2022 y 2026 se prevé un 9% frente al 4% de la Unión Europea, según datos de Bruselas) se explica principalmente por el hecho de que en EE.UU. la población crece más rápidamente. Y esto, a su vez, se debe a los mayores flujos de inmigrantes, incluidos los irregulares, durante la administración de Joe Biden. Ya estaba claro al menos desde 2024 y en su momento lo comenté aquí. En la práctica, estos días Donald Trump critica ferozmente al Gobierno español solo porque Madrid está gestionando el mismo fenómeno que subyace al crecimiento estadounidense desde hace años: el mismo al que él se opone.



La sociedad abierta y sus adversarios

 

En el fondo, detrás de los ataques de la Casa Blanca podría no haber solo un complejo de superioridad hacia nosotros, los europeos. No os lo creáis. También está la mentalidad de Trump. Para él, la vida no es una dinámica de cooperación y beneficios recíprocos, sino un juego de suma cero: para que Estados Unidos pueda ganar, Europa tiene que perder necesariamente. Esta es, por lo demás, la visión del mundo que le inculcó desde la infancia su padre, un despiadado promotor inmobiliario de la jungla del mercado inmobiliario neoyorquino de la posguerra (a este respecto, resultan esclarecedoras las memorias familiares de su sobrina Mary Trump).

 

Esto es lo que tienen en común los acontecimientos que se están produciendo estos días en las fronteras de la Unión Europea, desde Lublin, a lo largo de la frontera con Ucrania, hasta el estrecho de Gibraltar, 3.600 kilómetros al suroeste. Nunca sabremos si la Administración estadounidense estaba al corriente de lo ocurrido en Ceuta, si dio su consentimiento tácito o si impulsó de alguna manera las acciones de Marruecos. Solo podemos enumerar los indicios que suscitan sospechas. Sin embargo, sabemos que la Casa Blanca se apresuró a intentar convertir esta crisis migratoria en un arma indebida contra sus adversarios en la Unión Europea: en este caso, contra el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, culpable de haber discrepado con Trump sobre Irán, las grandes tecnológicas y la OTAN, y, sobre todo, culpable de seguir su propia política de acercamiento a China. En este sentido, el uso político que hace Trump de las oleadas de refugiados en otros países recuerda la forma en que Rusia y Bielorrusia empujan a los migrantes hacia las fronteras de Polonia y Finlandia: solo quieren desestabilizar (aunque, en el caso de Ceuta, las responsabilidades de EE.UU. aún están por demostrar).

 

La cuestión es que la Unión Europea nunca había tenido tantos enemigos externos, que intentan llevarla a la parálisis y la fragmentación. El viernes se reunió el "Integrated Political Crisis Response", el organismo de Bruselas creado para compartir información y decisiones ante acontecimientos graves. Allí, el Servicio Exterior de la Comisión Europea (el equipo de política exterior que colabora con los servicios de inteligencia de las capitales y responde ante la vicepresidenta Kaja Kallas) transmitió un mensaje a los gobiernos: la oleada de migrantes hacia Ceuta fue un ataque selectivo (por lo tanto, hay una dirección) y fue amplificado por el ejército digital ruso, que hizo rebotar el eco de la crisis en las redes sociales. Ha difundido ese eco dentro de la propia Unión Europea, en América Latina y en África. El objetivo político es siempre el mismo, según han informado los colaboradores de Kallas: alimentar una sensación de caos en Europa y agravar las divisiones.

 

En este sentido, el cráter de Lublin y los demás ataques híbridos rusos (los drones sobre los aeropuertos europeos, las invasiones del espacio aéreo, el propio uso de los migrantes) forman parte de la misma estrategia que ya tiene más de diez años. Sin embargo, en torno a Ceuta se ha observado una novedad: por primera vez, Moscú y cierto sector de la derecha estadounidense intentaban aprovechar el mismo terremoto europeo. Ambos se han movido para exacerbar la situación. No solo Trump en persona ha echado inmediatamente la culpa al Gobierno español, la galaxia de la derecha estadounidense no ha tardado en seguirle el juego. Elon Musk, con sus 241 millones de seguidores en X, difundió un vídeo creado con inteligencia artificial (imágenes repugnantes, por su brutalidad y violencia) de un supuesto asalto a Ceuta. El influencer de Maga, Jack Posobiec, con 3,2 millones de seguidores en X, comenzó a invocar el regreso del dictador Francisco Franco, fallecido en 1975 (imagen inferior).



Síntomas de fragmentación


No nos encontramos aquí simplemente ante una crisis migratoria. Si se tratara solo de eso, habría que ponerla en perspectiva de todos modos. Según la agencia europea Frontex, las llegadas de migrantes irregulares a la Unión Europea se han reducido a más de la mitad, pasando de 380.000 en 2023 a 178.000 en 2025, y luego han descendido un 40% adicional en los primeros cinco meses de 2026 (en comparación con el mismo periodo del año pasado). Y no solo eso. Tanto este año como desde 2021, Italia ha recibido un número de migrantes irregulares que ha sido constantemente el doble, o casi, que el de España; por lo tanto, suspender Schengen y proponer aislar al Gobierno de España equivale, para la propia Italia, a legitimar la suspensión de la libre circulación de sus propios ciudadanos en Europa y el rechazo de toda solidaridad por parte de los demás Gobiernos cuando se produzca la próxima oleada de desembarcos en Lampedusa. Un autogol previsible.

 

Pero, precisamente, esto no es solo una crisis migratoria. Es un acto de guerra híbrida contra un país europeo, de origen incierto pero con consecuencias y un contexto claros: nunca antes se había visto a tantos actores externos dispuestos a aprovecharlo para sus propios fines, sembrando la discordia en Europa.

 

Por eso, la reacción de Italia y de los otros 21 gobiernos que ahora sitúan a Pedro Sánchez en el banquillo de los acusados (independientemente de la opinión que se tenga sobre sus políticas) parece en sí misma un síntoma de la fragmentación de la Unión Europea. Un pequeño paso hacia nuestra versión occidental de la dacia de Belaveža, quizá sin vodka, saunas ni ceremonias. No sería el único síntoma, a decir verdad. Otro es la ausencia total de liderazgo de Ursula von der Leyen, una presidenta de la Comisión que, sin embargo, no deja de centralizar el poder y la información en Bruselas: ha dejado de lado deliberadamente el fondo de las recomendaciones de Mario Draghi para la reactivación de la economía. Mientras tanto, en lo que respecta a Rusia, la Unión Europea parece dividirse cada vez más en dos bloques: los países bálticos, nórdicos, Polonia, los Países Bajos y, en parte, Alemania están innovando en materia de defensa, desarrollando tecnologías y dando forma a una entidad geopolítica y militar bien diferenciada y reconocible; otros gobiernos, en cambio, no parecen realmente interesados.

 

En cuanto a Italia, este mes ha presentado en Bruselas un documento confidencial en el que (en esencia) solicita más flexibilidad y menos automatismos por parte de Bruselas en la supervisión del respeto al Estado de derecho en cada país. Es posible que se trate solo de un reflejo "gollista" del Gobierno italiano; lo cierto, sin embargo, es que ese documento habría hecho las delicias de un defensor del antiliberalismo como Viktor Orbán. Que un país fundador llegue a tal extremo es, en sí mismo, un síntoma más de la posible fragmentación o el vaciamiento de la Unión Europea. Mientras tanto, nos esperan las elecciones presidenciales francesas dentro de nueve meses, con Marine Le Pen a la cabeza de las encuestas, al igual que en Alemania lo está la extrema derecha de Alternative für Deutschland.

 

A veces me pregunto si no es que simplemente estamos malacostumbrados. Damos por sentados hasta tal punto los logros de los últimos 70 años, que ni siquiera nos planteamos que podamos perder. No sería la primera vez en Europa que los líderes, y la opinión pública, actúan como sonámbulos.


Traducción del artículo original publicado el 3 de agosto de 2026 en el diario italiano Corriere Della Sera.

jueves, 16 de julio de 2026

La economía española va viento en popa, mientras que Italia se queda estancada: el modelo de Sánchez, evidentemente, funciona

La innovación y la inmigración parecen ser los dos ingredientes del milagro español, junto con un aumento de los salarios. Exactamente lo contrario de lo que ha ocurrido en Italia



De niños nos divertíamos con una serie de chistes en los que se comparaba a un italiano, un alemán y un francés. Por supuesto, era el italiano el que resultaba más astuto y cerraba la situación cómica. Me vino a la mente este recuerdo mientras pensaba en lo que está haciendo España hoy en día, un país que ya ha tomado el relevo de las dos naciones más prestigiosas como punto de referencia. La comparación es bastante implacable a favor de los ibéricos.

 

Mientras nosotros malgastamos cientos de millones de euros en Albania para construir unos centros de repatriación fantasmagóricos e inútiles, que lamentablemente han quedado vacíos, el Gobierno español ha seguido un camino completamente diferente. Ha pasado bastante desapercibida, al menos en nuestro país, su decisión de regularizar a quienes carecían de permiso de residencia. Mientras que la nueva UE apuesta por la represión, el presidente Sánchez ha virado hacia la integración.

 

Las cifras son impresionantes. La reciente medida de regularización ha afectado a más de un millón de personas. Es cierto que España juega en casa, ya que el 70% de los inmigrantes irregulares procede del continente sudamericano, pero las cifras son excepcionales. Los empresarios españoles han aplaudido la sensatez del Gobierno. Solo la derecha ha suscitado una débil polémica.

 

También en lo que respecta al gasto militar de la OTAN, España ha adoptado una postura contraria y aislada. Es sabido que Sánchez se opuso a la petición de elevar el gasto militar al 5% del PIB, por considerarla irrazonable. Meloni y Crosetto, en cambio, han respondido afirmativamente, obedeciendo a Trump. Para Italia, esta decisión supondría un aumento del gasto en armamento del 100%, lo que elevaría la cifra final a más de 100.000 millones al año. Por primera vez en nuestro país, el gasto militar superaría al destinado a la educación, que actualmente se sitúa en un mísero 4,1% del PIB.

 

Sánchez ha dicho que quiere defender el estado del bienestar. Meloni, por su parte, se ha puesto con mucho orgullo el casco para embarcarse en una ridícula aventura bélica. El aumento del gasto militar de la derecha belicista tiene muchas fisuras: no es sostenible económicamente, porque no hay dinero; socialmente, porque supondría fuertes recortes en el estado del bienestar; ni tampoco militarmente, sin un proyecto de defensa común europeo.

 

Pero aquí surge una consideración decisiva. Sin la represión de los migrantes y sin el gasto militar, la economía española iría a la deriva, según una retórica belicista y racista que oímos a menudo. Sin embargo, ha ocurrido justo lo contrario. Para 2026, se prevé que el crecimiento español sea del 2%, frente a nuestro mísero 0,5%, es decir, cuatro veces más. Y este escaso resultado, en nuestro caso, se prolonga desde hace algunos años. Desde 2022, España ha crecido a una tasa acumulada del 16% e Italia, del 6,6%, casi dos tercios menos.

 

Si además tenemos en cuenta que en este periodo han llegado desde Europa los 200.000 millones del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia, el contraste se hace aún más dramático. La economía italiana va a rastras, mientras que en Europa la española está en pleno auge.

 

La diferencia es tan llamativa que ha llevado a los investigadores del Istat a dedicar dos páginas del Informe Anual de 2026 a la comparación entre ambos países (págs. 21-22). Según los investigadores, "este resultado no se debe exclusivamente a factores cíclicos, sino que refleja también una mayor capacidad de la economía española para generar un crecimiento más sostenido de la demanda interna y de la actividad productiva, incluso mediante aumentos de la productividad y una mayor orientación hacia sectores con tecnología más avanzada, especialmente en los servicios".

 

El crecimiento español se ha visto impulsado por el aumento del consumo, tanto privado como público. El consumo, a su vez, se ha visto impulsado por un aumento de los salarios y de la población activa, sobre todo la de los extranjeros en situación regular. Según los investigadores, este componente extranjero ha ampliado la base productiva y ha alimentado la demanda interna, generando un efecto acumulativo entre la oferta de trabajo y el consumo. Dejando a un lado la jerga de los economistas, la inmigración ha beneficiado a la economía española, y de ahí la decisión de Sánchez.

 

Al fin y al cabo, la innovación y la inmigración parecen ser los dos ingredientes del milagro español, junto con un aumento de los salarios. Exactamente lo contrario de lo que ha ocurrido en Italia.


Por lo tanto, la presidenta del Gobierno, Meloni, también debería fijarse en las recetas económicas y sociales de nuestros primos españoles. Al militarizar la economía y reprimir la inmigración (la "derecha-derecha"), la receta de Meloni y Crosetto probablemente nos esté condenando a un declive económico del que, hasta ahora, nos hemos librado gracias a los fondos europeos. Mientras que en España la política es un motor para la economía, en Italia es un freno.

 

¿Hasta cuándo los políticos de derecha, pero también muchos de izquierda, seguirán ignorando las leyes básicas de la economía y nos harán menos ricos, y también más inhumanos, de lo que podríamos ser?


Traducción del artículo original publicado el 14 de julio de 2026 en el diario italiano Il Fatto Quotidiano.