A medida que el aumento vertiginoso de los alquileres y los precios de la vivienda en toda Europa se va incorporando al discurso político, los activistas creen que tienen una oportunidad única para situar la vivienda como prioridad en la agenda política.
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| Personas de todos los ámbitos de la sociedad madrileña se han reunido para protestar contra unas políticas que nos afectan a todos. Fotografía: Rodrigo Jiménez/EPA |
Se anunciaba como uno de los mayores eventos inmobiliarios de Europa, con una afluencia de hasta 15.000 personas, desde empresas de inversión hasta promotores inmobiliarios. Sin embargo, cuando la feria y cumbre "District" dio comienzo la semana pasada en Madrid, se presentaron activistas por la vivienda de 140 organizaciones de todo el mundo, decididos a celebrar su propia "contracumbre" para oponerse a la idea de la vivienda como activo financiero.
Muchos de los activistas llegaron a la capital española justo cuando Maricarmen Abascal, una mujer de 87 años que se desplaza en silla de ruedas, era desahuciada del piso en el que había vivido durante siete décadas. A medida que la indignación por el desahucio daba paso a días de protestas y a un campamento en pleno centro de Madrid, la presencia de activistas procedentes de países tan diversos como Italia e Irlanda sirvió como un conmovedor recordatorio de la dimensión global de la crisis.
El desahucio puso de manifiesto lo difícil que se ha vuelto el acceso a la vivienda para tantas personas en todo el mundo, afirmó Teresa Mamede, una activista por el derecho a la vivienda de Lisboa que viajó a Madrid para asistir a la contracumbre. "Ninguno de nosotros está a salvo de que esto nos ocurra".
The Guardian lleva mucho tiempo informando sobre la gravedad de la crisis de la vivienda en toda Europa. Dentro de la UE, los precios se dispararon un 53% entre 2010 y 2024, según Eurostat, mientras que los alquileres aumentaron un 25% durante el mismo periodo.
No todos los países se han visto afectados por igual; mientras que Viena sigue siendo un caso positivo gracias a su amplio parque de viviendas públicas, que ha moderado los costes de los alquileres, Estonia ha registrado un aumento de los alquileres del 208% en el mismo periodo, mientras que Irlanda y Hungría han experimentado subidas de más del 100%.
Parte de este aumento vertiginoso de los costes puede atribuirse al "experimento social cada vez más intenso" que se está llevando a cabo en Europa, señaló el investigador Tim White el año pasado, mientras las autoridades comprueban si las maquinaciones del capitalismo financiero pueden satisfacer la necesidad fundamental de vivienda. "Las pruebas parecen ahora abrumadoras: no".
En cambio, las personas vulnerables y las minorías se han visto afectadas de forma desproporcionada por las deficiencias del mercado, mientras que otros advierten de que la crisis podría empujar a los votantes a los brazos de la extrema derecha. "No podemos quedarnos estancados en la retórica de la defensa de la democracia, las sociedades inclusivas y la igualdad de oportunidades si el nivel de vida de la gente está empeorando", me dijo el año pasado Jaume Collboni, alcalde de Barcelona.
Los votantes de Berlín, sin embargo, optaron recientemente por otro camino. En una ciudad donde los alquileres se habían disparado casi un 70% en la última década, una cuarta parte de los votantes respaldó al partido de izquierdas Die Linke en las elecciones regionales de este mes, convirtiéndolo en el partido más fuerte de Berlín. La estrategia que hay detrás de su éxito no era nada del otro mundo, según la columnista de The Guardian Europa, Fatma Aydemir. "Porque, más que ningún otro partido en esta campaña, Die Linke hizo suyo de forma inequívoca este tema (de la vivienda): la cuestión de quién puede vivir en Berlín y a qué precio".
"Esto no ha hecho más que empezar"
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| Los manifestantes en Madrid exigen medidas políticas para detener los desahucios y paliar la crisis de la vivienda. Fotografía: Susana Vera/Reuters |
A principios de este mes, decenas de organizaciones lanzaron la Iniciativa Ciudadana Europea, en la que se insta a la ciudadanía a firmar su petición para que se adopten medidas a nivel de la UE destinadas a proteger a los inquilinos, frenar la especulación y convertir los edificios vacíos en viviendas. "En todos los países europeos, en todas las encuestas importantes y en todos los grupos de edad, la vivienda se perfila como la principal preocupación de los ciudadanos", señala la iniciativa. "Lo vemos y lo sentimos cada día: trabajadores que ya no pueden permitirse vivir en la ciudad que construyen, jóvenes que no pueden independizarse de sus padres, inquilinos expulsados de sus barrios tras las reformas, edificios vacíos mientras hay gente durmiendo en la calle".
En España, donde el acampamiento de varios días en Madrid ha dado lugar a acampadas similares en ciudades como Barcelona, Sevilla y Palma de Mallorca, las protestas ya han comenzado a surtir efecto.
Maricarmen, la octogenaria desahuciada, podrá volver a su piso, según se confirmó el martes. Su alquiler se mantendrá en torno a los 500€ al mes que había pagado durante años, una cantidad considerablemente inferior a los 2.650€ que la empresa inversora propietaria de su piso había exigido inicialmente.
Esta semana, el Gobierno español también ha anunciado que ha aprobado dos decretos sobre vivienda que incluyen reformas como la prohibición de los desahucios hasta 2030 y la regulación de los alquileres temporales y por habitaciones. Sin embargo, estas medidas tendrán ahora que obtener la aprobación del fragmentado Parlamento español.
Nadie sabe a ciencia cierta qué le depara el futuro al movimiento por la vivienda que ha sacudido España en los últimos días. Con el fantasma de las elecciones generales acechando y la coalición liderada por los socialistas luchando por reforzar su base de votantes progresistas, los activistas han detectado una oportunidad única para abordar una cuestión que los españoles llevan mucho tiempo considerando uno de los mayores problemas del país.
"Los próximos días serán cruciales", afirmó el martes la Unión de Inquilinos de Madrid al convocar nuevas protestas para este fin de semana. "Se ha abierto una ventana de oportunidad histórica para revertir décadas de mercantilización de la vivienda. Por eso debemos intensificar la presión".
O, como lo expresó la Unión de Inquilinos de Málaga en una publicación en línea: "Esto no ha hecho más que empezar".
Traducción del artículo original publicado el 30 de septiembre de 2026 en el diario británico The Guardian.








