domingo, 31 de mayo de 2026

El dinamismo de la economía española se topa con límites estructurales al entrar en la segunda mitad de 2026

A primera vista, España inicia la segunda mitad de este año como una de las economías con mejor rendimiento de Europa, algo que se refleja sobre todo en el ritmo de la actividad turística en sus principales ciudades. El año pasado, España recibió a 96,8 millones de turistas: una cifra récord. En los dos primeros meses de 2026, casi 10,7 millones de personas visitaron el país, lo que supone un aumento interanual del 2%.

Las cifras del PIB confirman esta impresión. Tras un crecimiento del PIB del 2,8% en 2025, el Banco de España elevó recientemente su previsión para 2026 del 2,2% al 2,3%. Al mismo tiempo, advirtió de que las crisis relacionadas con la energía podrían provocar un desvío respecto a su escenario base. Con o sin volatilidad en Oriente Medio, el banco central prevé un crecimiento del PIB del 1,7% para 2027, por debajo de su proyección de diciembre, que era del 1,9%.

En comparación, la mayoría de las estimaciones para 2026 prevén que la zona del euro crezca entre un 1,1 % y un 1,3 %, y se espera que las economías más grandes, como Alemania e Italia, se queden rezagadas.

 

No obstante, la fortaleza comparativa de España convive con crecientes desequilibrios estructurales, como la escasez de vivienda y las ventajas energéticas determinadas por su cambiante mix energético, factores que ayudarán a determinar si el crecimiento se traduce en una estabilidad financiera duradera o comienza a limitarla.

 

Sector bancario: ¿fortaleza o estancamiento?

 

Una cuestión clave para los inversores y las empresas es si el sistema financiero español evolucionará para impulsar el crecimiento.

 

El fracaso de la oferta de BBVA por el Banco de Sabadell el pasado otoño eliminó la que había sido la vía más clara para la expansión en el sector bancario español. No está tan claro qué la sustituirá.

 

A simple vista, los bancos españoles parecen excepcionalmente sólidos. La rentabilidad sigue estando entre las más altas de Europa, los niveles de capital son sólidos y los bancos continúan recompensando a los accionistas mediante dividendos y recompras de acciones. El programa de 3.960 millones de euros del BBVA es solo un ejemplo de una tendencia más amplia en todo el sector, que también incluye al Banco Santander, el cual afirma que devolverá al menos 10.000 millones de euros a los accionistas entre 2025 y finales de este año.

 

Santander, sin embargo, está combinando la distribución de capital con la expansión a través de su próxima integración de Webster Bank en EE. UU., la continua ampliación de su plataforma digital Openbank (que ya opera en Alemania, Portugal, los Países Bajos, EE. UU. y México) y su estrategia más amplia "One Transformation", destinada a construir una plataforma global más unificada. 

 

No todos los bancos cuentan con una base de capital lo suficientemente amplia como para llevar a cabo tanto un programa de recompra de acciones muy popular como una estrategia de expansión global centrada en el ámbito digital. Esto pone de manifiesto el dilema al que se enfrenta el resto del sector bancario español. Sin una mayor consolidación o un impulso significativo hacia la expansión transfronteriza, algunas partes del sector podrían seguir siendo muy eficientes a nivel nacional, pero de escala limitada en comparación con los mayores grupos bancarios transfronterizos de Europa.

 

"Todavía hay margen para la consolidación en el sistema", afirma Ángela Cruz, directora ejecutiva de Calificaciones de Instituciones Financieras en Scope Ratings, señalando que el fuerte crecimiento orgánico y las estructuras de propiedad pueden reducir los incentivos para nuevas operaciones. "Los bancos españoles no se encuentran en desventaja en este sentido". 

 

En otras palabras, la cuestión no es una debilidad inmediata, sino si la fortaleza actual reduce la urgencia de buscar escala mientras las condiciones siguen siendo favorables. De cara a la segunda mitad de 2026, la cuestión no es tanto la rentabilidad (que sigue siendo sólida) como la trayectoria. ¿Están los bancos españoles optimizando lo que ya tienen o posicionándose para lo que está por venir?

 

Limitaciones del mercado inmobiliario

 

Esa cuestión ya está empezando a manifestarse en el mercado inmobiliario. A diferencia del colapso crediticio mundial de 2008, el riesgo actual no es la insolvencia bancaria, sino un desequilibrio estructural entre la oferta y la demanda y la forma en que ese desequilibrio está reconfigurando el mercado hipotecario.

 

España no se enfrenta a un problema de demanda. "De cara al segundo semestre, esperamos que el crecimiento de las hipotecas siga estando más limitado por la falta de oferta que por la demanda o las condiciones crediticias", afirma Pedro Álvarez Ondina, economista de CaixaBank Research.

 

A pesar de un déficit de oferta que ha aumentado hasta superar las 730.000 viviendas desde 2021, las nuevas licencias de obra han descendido aproximadamente un 54%, pasando de 355.300 en 2008 a solo 162.195 el año pasado, según CaixaBank Research. El desequilibrio sigue respaldando los precios, especialmente en ubicaciones muy demandadas como Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Málaga. Desde una perspectiva bancaria, también refuerza la calidad de los activos al limitar el riesgo de una corrección brusca.

 

"La oferta limitada ayuda a reducir los riesgos a la baja sobre los precios", observa Álvarez Ondina, "pero cada vez más actúa como un lastre para el crecimiento del volumen hipotecario".

 

La opinión de Scope coincide en líneas generales con ese análisis, pero señala algunos puntos de presión adicionales. "El crecimiento de los precios de la vivienda está superando al de la renta disponible real", afirma Cruz. "Los indicadores de capacidad de pago de la deuda se han deteriorado y ha aumentado la proporción de nuevas hipotecas con un alto LTV (préstamo sobre valor). Pero ninguno de estos factores apunta a presiones inminentes sobre la calidad de los activos".

 

La composición de la demanda también está cambiando. 

 

"La disminución de la proporción de compras de viviendas sin hipoteca (de alrededor del 35% al 30%) no debe interpretarse principalmente como un enfriamiento del interés de los compradores extranjeros o con gran liquidez", afirma Álvarez Ondina. "Más bien, refleja una normalización de las condiciones de financiación tras el fuerte endurecimiento de 2022-2023". A medida que los costes de financiación se han estabilizado, el apalancamiento ha vuelto a resultar atractivo, incluso para compradores con recursos suficientes para pagar en efectivo. 

 

Para los bancos, esto se traduce en unas perspectivas más matizadas para la segunda mitad del año. 

 

El aumento del valor de las garantías y un mercado con una oferta estructuralmente insuficiente siguen respaldando la calidad crediticia. El ritmo de concesión de nuevos préstamos está cada vez más vinculado a la disponibilidad de parque inmobiliario que a la demanda subyacente.

 

La conclusión es que el mercado inmobiliario español no muestra signos de debilitamiento. Más bien, se ve limitado por la oferta, lo que define cada vez más tanto la dinámica de los precios como la trayectoria del crecimiento del crédito.



La energía como ventaja

 

Si la vivienda representa una posible limitación financiera para el crecimiento de España, el sector energético pone de manifiesto una de sus ventajas estructurales más evidentes. 

 

La crisis energética provocada por la inestabilidad en Oriente Medio ha puesto de manifiesto que España está menos expuesta a la influencia del gas en los precios de la electricidad que muchos de sus homólogos europeos. Gracias a su transición en curso hacia las energías renovables, como la eólica y la solar, el gas solo influyó en el precio de la electricidad del país durante el 15% de las horas de este año hasta principios de marzo, en comparación con el 89% en Italia y el 40% en Alemania, según Ember, un grupo de expertos en energía con sede en Londres. 

 

La industria manufacturera española ha mostrado una notable resistencia en este contexto.

 

"Las empresas están ahora mejor preparadas desde el punto de vista estructural", afirma Álvarez Ondina, citando una menor intensidad energética, un mayor uso de contratos a largo plazo y una mayor inversión en autogeneración y eficiencia. De cara al futuro, prevé que estos factores "deberían ayudar a amortiguar, aunque no a compensar por completo, las nuevas crisis de los precios de la energía".

 

Pero el sistema se enfrenta a sus propias limitaciones. A medida que aumenta la penetración de las energías renovables, la dinámica de los precios se vuelve más compleja, con periodos de exceso de generación que empujan a la baja los precios al por mayor durante las horas de máxima producción. Este fenómeno, conocido como canibalización de precios, se suma a los cuellos de botella de la red como un factor que los inversores seguirán de cerca para evaluar cuánta capacidad más puede absorber el mercado antes de que los rendimientos a largo plazo se vean sometidos a presión. 

 

Dicho esto, la combinación de una economía turística sólida, una población en crecimiento, un mercado inmobiliario resistente y una ventaja energética sigue haciendo de España un caso atípico en una economía europea con un rendimiento relativamente bajo. Su próxima fase de crecimiento dependerá de la capacidad del sistema para respaldarlos y fomentarlos.  


Traducción del artículo original publicado el 29 de mayo de 2026 en la revista Global Finance Magazine.

sábado, 30 de mayo de 2026

Dependientes de los radicales de derecha

El PP pierde la mayoría absoluta en Andalucía y necesita el apoyo de los radicales de derecha. ¿Decidirá Vox pronto el próximo Gobierno de España?

Los conservadores han perdido la mayoría absoluta en Andalucía y ahora necesitan a los radicales de derecha para gobernar. Con ello continúa una tendencia: se trata de las cuartas elecciones autonómicas en España desde finales de 2025 en las que el PP, aunque resulta el partido más votado, depende de Vox para poder gobernar. Andalucía tiene, en este sentido, el mayor peso político.
 
No se trata solo de la comunidad autónoma más extensa y poblada de España, que durante casi cuatro décadas fue el bastión del partido socialista PSOE del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. En Andalucía gobierna desde 2018, con el presidente regional Juan Manuel Moreno, el representante más importante del ala moderada y pragmática del PP. Moreno nunca había intentado combatir a Vox con reivindicaciones populistas.
 
Sin embargo, ahora el PP ha perdido allí cinco escaños y se ha quedado a las puertas de la mayoría absoluta que Moreno había conseguido en 2022. En aquel momento, pudo prescindir del apoyo de los radicales de derecha, del que aún había necesitado cuatro años antes para expulsar a los socialistas del poder, tras 37 años, en su "corazón de Andalucía". Ya en la noche electoral, Vox, que solo había ganado un escaño, puso condiciones: al igual que en las negociaciones de coalición en otras regiones, exige "prioridad nacional" para los españoles. Según esto, los autóctonos deben tener prioridad frente a los inmigrantes en las prestaciones estatales, como la adjudicación de viviendas sociales.
 
Dura derrota para los socialistas
 
Sin embargo, Vox solo ha podido sacar un provecho mínimo de las ligeras pérdidas del PP en Andalucía. El auge de la extrema derecha, que se observó el año pasado, se ha ralentizado notablemente. Pero también en Andalucía los partidos de derecha suman casi el 60% de los votos. Desde la perspectiva actual, tendrían buenas posibilidades de obtener la mayoría absoluta en las elecciones generales, previstas para 2027. Sin embargo, incluso en ese caso, el PP dependería de Vox como socio de coalición o de tolerancia, ya que en España son inconcebibles las grandes coaliciones como las de Alemania.
 
Para la coalición minoritaria de izquierdas de Pedro Sánchez, Andalucía supone una derrota especialmente dolorosa. Aunque la hasta ahora ministra de Hacienda, María Jesús Montero, originaria de Andalucía, se presentó como cabeza de lista, el PSOE (con 28 diputados) obtuvo su peor resultado histórico, con menos del 50% de los votos que los socialistas aún habían conseguido en 2004.

La coalición de izquierda, a la que pertenece su socio de coalición Sumar, también perdió votos a favor de los nacionalistas de izquierda de "Adelante Andalucía". De cara a las elecciones generales, Sánchez vuelve a apostar por el temor de los votantes a un Gobierno nacional en el que participe Vox o sobre el que este tenga una gran influencia. En 2023 logró así su reelección, a pesar de que el PP se había convertido entonces en el partido más votado.

Traducción del artículo original publicado el 18 de mayo de 2026 en el diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung.

viernes, 22 de mayo de 2026

Por qué España crece tres veces más que Italia: una población joven en aumento, inversiones y tecnología

El informe anual del Istat ofrece una imagen de una Italia resiliente, pero con un capital humano débil, escasa inversión tecnológica y una clase media empobrecida

Un país resiliente, capaz de adaptarse y reaccionar ante las crisis, gracias también a su capacidad para exportar. Pero con un importante descenso demográfico, un capital humano más débil y escasas inversiones tecnológicas en comparación con los países competidores. Factores estos sobre los que sería urgente intervenir para conservar y mejorar el bienestar de todos. Esta es la imagen de Italia que se desprende del Informe anual del Istat, el instituto nacional de estadística, que este año cumple cien años. 
 
En la ponencia que pronunció ante la Cámara de Diputados, el presidente del Istat, Francesco Maria Chelli, resumió así el contenido de un trabajo que abarca desde la situación económica hasta la social: "En el último año, la economía italiana ha mostrado signos de resiliencia en un contexto mundial complejo". Pero, añadió, "el potencial de crecimiento sigue limitado por problemas de largo plazo, entre ellos la modesta evolución de la productividad", consecuencia del envejecimiento de la población activa y de la insuficiente inversión en educación e innovación tecnológica y digital. Basta con un dato: en 2025, el PIB italiano era superior al de 2007 en "apenas un 1,9%", mientras que Francia, Alemania y España crecieron "casi un 20%", según el informe.
 
El bienestar social en peligro
 
En el ámbito social, la fragmentación de las familias (el 37,1% están compuestas por una sola persona, mientras que los hijos únicos han aumentado hasta los 8,2 millones), las dificultades del sistema sanitario (sobre todo en relación con el creciente porcentaje de personas mayores) y el empobrecimiento de la clase media representan otros tantos retos que hay que afrontar. El declive demográfico exige, según subrayó Chelli, "evaluar con atención los riesgos de sostenibilidad para el sistema de bienestar social y para el sanitario" y poner en la agenda la "plena valorización de nuestros jóvenes (de quienes debemos retener el talento), cuya fuga se configura como una hemorragia de competencias que adquiere tintes especialmente críticos para el sur del país".
 
El caso español
 
En Italia, el PIB aumentó un 0,5% en 2025 (0,8% en 2024) gracias al consumo de los hogares y a la inversión. Para 2026, el crecimiento previsto es del 0,5%, pero con un fuerte riesgo a la baja, dada la situación internacional. El caso español, sobre el que se debate mucho, se ha analizado en profundidad en el informe. En los últimos años, España ha crecido más que los principales países de la zona del euro, incluida Italia: +9% entre 2022 y 2025 frente al +2,3% en Italia. Varios factores han contribuido al rendimiento ibérico. En el periodo 2022-25, el gasto público acumulado aumentó un 10,2% frente al 3,1% en Italia; la población de entre 15 y 64 años aumentó un 4,6%, "impulsada por la fuerte expansión del componente de extranjeros en situación regular (+22,3%; +4,6% en Italia)", lo que generó "un efecto acumulativo entre la oferta de trabajo y el consumo". Además, en Italia, el crecimiento de la inversión se ha "concentrado en gran medida en la construcción", mientras que en España se ha centrado en actividades relacionadas con la propiedad intelectual, con resultados significativos también en la capacidad "de captar la demanda internacional, no solo en el sector del turismo, sino también en el de los servicios de mayor contenido tecnológico".
 
Buenos resultados en exportaciones y empleo
 
La resiliencia italiana se ha puesto de manifiesto sobre todo en el ámbito de las exportaciones. "En comparación con 2019, las ventas al extranjero de productos italianos han aumentado un 34%», más que en la propia España (+32,2%), Francia (+18,5%) y Alemania (+17,5%). Y el empleo, en el mismo periodo (2019-2025), creció un 4,3%, más que en Alemania, pero menos que en Francia y España. La inflación está aumentando debido al encarecimiento de la energía: +2,8% el pasado mes de abril. Pero los salarios contractuales, en 2024 y en 2025, han subido más que los precios, aunque "la pérdida de poder adquisitivo con respecto a 2019 sigue siendo considerable, del 8,6%". 
 
En materia de finanzas públicas, la deuda pública, del 137,1% del PIB en 2025, solo es superada en Europa por la de Grecia. A ello ha contribuido el gasto en el Superbonus y el Bonus facciate, que "superó los 190.000 millones".
 
La productividad, un punto débil
 
La productividad sigue siendo el talón de Aquiles de la economía. La productividad laboral, en el decenio 2015-2025, aumentó en promedio anual "apenas un 0,2%". Esto se debe a un incremento del número de personas ocupadas, sobre todo en los servicios de bajo valor añadido, al que no ha correspondido un nivel adecuado de inversión en innovación y digitalización, explica el informe. Por otra parte, "entre 2007 y 2024, el sector manufacturero perdió el 16,9% de su mano de obra, mientras que los servicios absorbieron casi 2 millones de nuevos empleados, sobre todo en la sanidad, el turismo y las actividades profesionales". Si a esto añadimos que, en la misma década, la población "ha disminuido en más de un millón", pasando de 60,2 a 58,9 millones, que su edad media ha aumentado hasta los 47,1 años, que "el saldo migratorio de los ciudadanos italianos se ha mantenido sistemáticamente negativo", con una pérdida neta de 590 000 personas, y que la inteligencia artificial ha llegado en 2025 al 16% de las empresas, pero faltan especialistas para hacerla funcionar, el panorama queda completo.
 
La clase media en dificultades
 
En el plano social, la clase media (renta familiar entre el 75% y el 200% del valor mediano) representa el 61,2% de los residentes, pero su evolución de los ingresos ha sido, en la última década, "decididamente menos sostenida que la de la clase acomodada, pero también que la de la clase más baja", favorecida por las medidas fiscales y de apoyo adoptadas por el Gobierno. 
 
Desigualdades en materia de salud
 
Si bien la esperanza de vida media se alarga, "sin embargo, aumenta la proporción de la población que padece multimorbilidad (al menos dos enfermedades crónicas)". Se trata, explica el Informe, de nada menos que 12,8 millones de personas. Las diferencias territoriales y sociales en la esperanza de vida son marcadas: a los 30 años es inferior en 4,2 años entre los hombres con bajo nivel de estudios en comparación con los titulados universitarios, y en 2,8 años entre las mujeres. "A los 30 años, un hombre con bajo nivel educativo residente en las islas tiene una esperanza de vida residual inferior en 5,7 años a la de un coetáneo titulado universitario del noreste". A pesar de ello, "las regiones con alta prevalencia de enfermedades crónicas, como Calabria y Basilicata, reciben una financiación per cápita inferior a la media". Se pasa de los 2.490 euros per cápita de Emilia-Romaña a los 2.167 euros de Calabria.
 
Alarma sobre el uso de las redes sociales
 
En 2025, solo el 19% de las personas de entre 16 y 74 años había utilizado la inteligencia artificial, frente a una media de la UE del 32,7%. Por el contrario, el uso de Internet y de los dispositivos digitales está muy extendido: una media de 3 horas y 53 minutos al día, y una cuarta parte de los más jóvenes sigue conectada a las 11 de la noche. Y entre los jóvenes de 15 a 17 años, señala el informe, "el 15,5% de las chicas presenta un uso problemático" de estas herramientas, lo que genera adicción, estados de ansiedad y otros trastornos.

Traducción del artículo original publicado el 21 de mayo de 2026 en el diario italiano Corriere della Sera. 

martes, 19 de mayo de 2026

Trump, un guerrero sin brahmán

En las sociedades tradicionales de tres estamentos, se suponía que la clase guerrera estaba sujeta al consejo de los brahmanes. Se suponía que esta alianza entre las dos clases dominantes, los guerreros y los intelectuales, aportaba equilibrio al poder y promovía una sociedad armoniosa. Las llamadas élites naturales podían supervisar eficazmente a la clase trabajadora, proporcionando tanto orden como sentido, al tiempo que compartían prestigio y privilegios entre ellas. Guerreros, sacerdotes, trabajadores: el antropólogo Georges Dumézil creía haber encontrado aquí el hilo conductor decisivo entre las civilizaciones indoeuropeas.

En realidad, este modelo está mucho más extendido y se asemeja más a un discurso normativo que a una realidad social fija. Por lo general, fue elaborado por sacerdotes, brahmanes en el Manusmriti hindú (siglo II a. C.) u obispos en la Europa cristiana alrededor del año 1000. Su principal objetivo era disciplinar a los guerreros y hacer que respetaran el extenso conocimiento y la cultura escrita de los intelectuales, lo cual no era en absoluto un hecho. Sin embargo, los guerreros a veces abrazaban la idea ellos mismos, viéndola como una herramienta útil para mantener el orden y asegurarse el consentimiento de aquellos a quienes gobernaban.



La historia parece repetir esta problemática rivalidad entre las élites. Por un lado, tenemos una derecha mercantilista, belicista y nacionalista a la que le gusta presentarse como antiintelectual, encarnada en Estados Unidos por Donald Trump y los republicanos. Por otro lado, existe una izquierda "brahmánica" (cultivada, liberal e internacionalista) representada al otro lado del Atlántico por los demócratas. Al igual que en la era de las tres clases, esta oposición entre la derecha mercantilista y la izquierda "brahmánica" es en gran medida artificial. Permite a las élites tanto nacionalistas como liberales compartir el poder y consolidar su dominio sobre la clase trabajadora, al tiempo que impide cualquier alternativa popular real.

 

Independientemente de lo que afirme cada bando, los trumpistas también dependen de cientos de expertos y académicos reunidos en poderosos think tanks como la Heritage Foundation. La agenda hipercapitalista que defienden (una defensa visceral de las jerarquías sociales, la glorificación de una concentración extrema de poder y riqueza, y las políticas fiscales favorables a los ricos que la respaldan) apenas difiere de la de los economistas liberales. Durante la edad de oro del orden liberal, cuando George W. Bush invadió Irak en 2003, el nivel de brutalidad militar era comparable al que vemos hoy.

 

Más allá de los enfrentamientos retóricos, siempre ha habido una variedad de aspiraciones, estilos e identidades dentro de las élites, al igual que había conservadores y liberales bajo las monarquías con sufragio limitado. Sin embargo, lo cierto es que estas diferentes élites tienen todo el interés en exagerar sus diferencias para turnarse en el poder, aunque sus opciones políticas fundamentales difieran poco.

 

¿Cómo hemos llegado hasta aquí y cómo avanzamos? El mundo no siempre ha estado gobernado por las élites. Tras las revoluciones sociales del siglo XIX y el auge del sufragio universal en el siglo XX, la clase trabajadora y sus organizaciones sindicales y políticas lograron un profundo cambio social -a veces mediante la conquista directa del poder (los socialdemócratas suecos de 1932 a 1976, el Partido Laborista británico en 1945, los socialistas y comunistas franceses en 1936 y 1945, los demócratas de Roosevelt en 1932) - y, en términos más generales, alterando el equilibrio de poder entre el trabajo y el capital.

 

Durante el apogeo del conflicto electoral entre la izquierda y la derecha, aproximadamente entre 1910 y 1990, las luchas políticas enfrentaban a las clases privilegiadas (definidas por su riqueza, sus ingresos o su nivel educativo) con las clases trabajadoras. En todos los países y en todas las elecciones, las primeras votaban de forma abrumadora a la derecha, y las segundas, a la izquierda. Las élites estaban políticamente unidas, al igual que las clases desfavorecidas, y las clases trabajadoras rurales votaban a la izquierda con casi la misma fuerza que sus homólogas urbanas. Esta división de clases convirtió la reducción de la desigualdad social en el tema central de la política.

 

Este sistema basado en las clases se desintegró entre las décadas de 1980 y 1990 y las de 2010 y 2020. En todas las democracias occidentales, los ingresos y la educación comenzaron a tener efectos divergentes en los patrones de voto. A niveles iguales de educación, unos ingresos más altos se asocian con una mayor probabilidad de votar a la derecha. Pero a igualdad de ingresos, un mayor nivel educativo conduce a una mayor probabilidad de votar a la izquierda. Este cambio puede explicarse por varios factores estructurales, empezando por la creciente complejidad de las estructuras sociales: con un mayor acceso a la educación, un mismo título conduce ahora a ingresos muy diferentes, tanto por razones elegidas como impuestas. Otro factor importante es el resurgimiento dramático de las divisiones territoriales, ya que las ciudades más pequeñas tienen menos acceso a universidades y hospitales que las grandes ciudades y están más expuestas a la competencia internacional.

 

Sin embargo, la explicación principal radica en las decisiones políticas adoptadas por los partidos socialdemócratas y afines, que han ido abandonando progresivamente cualquier ambición redistributiva. Como consecuencia, una parte cada vez mayor de los votantes más desfavorecidos, especialmente los menos formados de las localidades más pequeñas, se ha decantado por los nacionalistas y la abstención. Para superar la crisis actual y el enfrentamiento artificial entre las élites, la izquierda debe reconectarse con la ambición igualitaria del pasado y unir a la clase trabajadora de todos los territorios, al tiempo que acepta que las élites unirán sus fuerzas en su contra. Esta es la única forma de restablecer la posibilidad de alternativas políticas reales y de hacer frente a la erosión de la democracia.


Traducción del artículo original publicado el 19 de mayo de 2026 en el blog de Thomas Piketty.

viernes, 15 de mayo de 2026

Por qué España se enfrenta a Donald Trump

Pedro Sánchez, el presidente socialista, ha liderado la oposición europea a la guerra contra Irán desde el principio.


En las horas inmediatamente posteriores a que el presidente Donald Trump, junto con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, iniciara la guerra contra Irán, un importante líder europeo decidió pronunciarse en contra. "Rechazamos la acción militar unilateral de Estados Unidos e Israel", publicó el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, en X, advirtiendo contra una "escalada" que podría conducir a un "orden internacional más hostil". Al día siguiente, Sánchez reiteró su oposición al "régimen odioso" de Irán, pero siguió calificando la campaña de "intervención militar injustificada y peligrosa". Mientras otros responsables europeos se mostraban reacios a criticar a Trump y ofrecían una ayuda limitada al esfuerzo bélico estadounidense, España denegó a Estados Unidos el acceso a sus bases militares para operaciones relacionadas con Irán. Trump, a cambio, amenazó con "cortar todo el comercio" con España, aunque no estaba nada claro cómo podría su Administración actuar de forma selectiva contra un miembro de la Unión Europea. Sánchez parecía deleitarse con el enfrentamiento. "No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y que además es contrario a nuestros valores e intereses, solo por miedo a las represalias de alguien", insistió en un discurso televisado. A principios de abril, después de que la Administración acordara un alto el fuego temporal con Irán, el presidente no dio marcha atrás. "El Gobierno de España no va a aplaudir a quienes prenden fuego al mundo solo porque se presenten con un cubo", publicó.

 

Las críticas de Sánchez a la guerra lo han convertido en un claro contrapunto a Trump. En múltiples frentes, Sánchez, un socialista fotogénico que lleva en el poder desde 2018, ofrece un marcado contraste político. Trump ha tachado de "estafa" el giro de la era Joe Biden hacia la inversión en energías renovables, mientras que Sánchez ha presidido la duplicación de la producción de energía solar y eólica en España desde 2019. Trump demoniza a los inmigrantes y ha lanzado una campaña de deportaciones masivas que fue aplaudida por la extrema derecha en toda Europa; Sánchez se opone a ese nativismo, y su Gobierno está llevando a cabo un programa para regularizar a unos 500.000 migrantes indocumentados que viven en España. Trump ha ridiculizado a las instituciones internacionales y considera que las Naciones Unidas son un obstáculo para los intereses de Estados Unidos; Sánchez rechazó la invitación de Trump para unirse a su iniciativa "Consejo de la Paz", al tiempo que ofreció una enérgica defensa del sistema de la ONU y del mundo multipolar que este ayuda a configurar.

 

Ahora, dos meses y medio después del inicio de la guerra, las frustraciones de Sánchez son compartidas en gran medida por sus homólogos europeos. El Gobierno de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, considerada por muchos como la más firme defensora de Trump entre los líderes de Europa Occidental, impidió que los bombarderos estadounidenses con destino a Oriente Medio utilizaran una base aérea siciliana estratégicamente situada. Meloni también defendió al papa León XIV, a quien Trump ha estado atacando por sus llamamientos a la paz, afirmando que los comentarios del presidente eran "inaceptables". (Cuando se le preguntó si entonces consideraría reducir el número de tropas estadounidenses en España e Italia, Trump respondió: "Probablemente"). Mientras tanto, el presidente Emmanuel Macron, de Francia, lamentó el enfoque "desordenado" de Trump respecto a la guerra, que, según sugirió, carece de seriedad y es una fuente de inestabilidad geopolítica. El canciller alemán, Friedrich Merz, lo calificó de fuente de humillación para Estados Unidos, mientras que su ministro de Finanzas, Lars Klingbeil, culpó a la "guerra irresponsable" de Trump y al bloqueo en curso del estrecho de Ormuz del aumento de los precios de la energía y de desencadenar el caos económico en todo el mundo. "Se trata de una guerra unilateral" sobre la que "ni siquiera se consultó ni se informó a ningún aliado", me dijo José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores de España, en una entrevista la semana pasada. "Si ves lo que dicen otros gobiernos europeos, hoy están diciendo lo que España lleva diciendo desde el primer día".

 

Según explica Albares, la postura de su Gobierno es una cuestión de principios, coherencia y respeto por la importancia del Derecho internacional. Sus convicciones son anteriores a la escalada bélica de Trump en Oriente Medio. España se ha mostrado crítica con la guerra de Rusia en Ucrania y con las guerras de Israel en Gaza y el Líbano, y ha respaldado la demanda presentada por Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia en la que se acusa a Israel de genocidio. Fue uno de los primeros países de Europa Occidental en reconocer la condición de Estado de Palestina, en 2024. Este mes de abril, cuando Sánchez convocó una reunión de líderes progresistas mundiales, entre ellos el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, pidió a la UE que suspendiera su acuerdo de asociación con Israel. Mientras que la Administración Trump impuso sanciones a Francesca Albanese, relatora especial de la ONU para cuestiones palestinas, por haber instado a la Corte Penal Internacional a investigar a empresas y particulares estadounidenses e israelíes por presunta complicidad en violaciones de los derechos humanos y posibles crímenes de guerra en Gaza, Sánchez le concedió la Orden del Mérito Civil, una de las más altas distinciones de España, a principios de este mes. Cuando Trump presionó a los Estados miembros de la OTAN el año pasado para que aumentaran su gasto en defensa hasta el cinco por ciento del PIB, Sánchez fue el único líder que se opuso a la exigencia. «A veces veo a gente que dice: “Bueno, hay un orden antiguo y hay un orden nuevo”», dijo Albares. "No, hay un orden basado en normas, o hay el caos de la guerra, y esa es una elección. Hay una forma de comportarse en el mundo que es virtuosa, en la que se velan los intereses de todos, o existe la ley de la selva, y el más fuerte se come al más débil”.

 

Algunos críticos nacionales acusan al Gobierno de Sánchez de hacer alarde de oportunismo. Al igual que les ocurrió a los políticos de centroizquierda desde Canadá hasta Australia, un enfrentamiento con Trump podría impulsar la suerte del presidente del Gobierno español, que se encuentra en horas bajas a nivel nacional. Las elecciones están previstas para el año que viene y, técnicamente, Sánchez lidera un Gobierno en minoría que cuenta con el apoyo de partidos autonómicos; sin embargo, un posible bloque de derecha formado por partidos mayoritarios y de extrema derecha podría obtener una clara mayoría parlamentaria y derrocar a los socialistas de Sánchez, actualmente en el poder. Albares evocó un mundo en el que los "valores democráticos están realmente amenazados fuera y dentro de Europa, con fuerzas de extrema derecha que no creen en la tolerancia, en el pluralismo, en la diversidad; no creen en la esencia de la democracia".

 

Sin embargo, el mandato de Sánchez se ha visto empañado por una serie de escándalos relacionados con varios de sus allegados, que incluyen diversas acusaciones de corrupción, tráfico de influencias y acoso sexual. Y los votantes españoles están preocupados por la crisis de la vivienda, los debates sobre los servicios para los migrantes y la gestión del Gobierno ante las catástrofes naturales, incluidas las inundaciones de los últimos años que se cobraron cientos de vidas. Bajo el mandato de Sánchez, la economía española se ha convertido en una de las de más rápido crecimiento de Europa, aunque muchos analistas seguían dando por hecho que ya no sería capaz de contener a la derecha. Pero la antipatía hacia el presidente estadounidense existe en todo el espectro político del país, por lo demás polarizado. "Hace unos meses, las posibilidades de que renovara su mandato eran muy escasas", me dijo Miguel Otero-Iglesias, investigador principal del Real Instituto Elcano, un destacado centro de estudios de Madrid. "Pero creo que mucha gente piensa que Sánchez hace bien en plantarle cara a Trump".

 

España mantiene con Estados Unidos una relación claramente diferente a la que tienen países como el Reino Unido, Francia y Alemania. Las élites políticas españolas a veces ven a su país "como uno de los países más meridionales del Norte Global", señaló Otero-Iglesias, más en sintonía con las aspiraciones y la política de América Latina y el mundo árabe, regiones con las que España mantiene profundos vínculos. Además, España no tiene tanta deuda con Estados Unidos. A principios del siglo pasado, perdió sus posesiones coloniales en el Caribe y el Pacífico a manos de Estados Unidos en la Guerra Hispano-Estadounidense. Tras la Segunda Guerra Mundial, España no se benefició del Plan Marshall, ya que se mantuvo al margen de la guerra bajo el liderazgo del líder fascista Francisco Franco. Josep Borrell, exministro de Asuntos Exteriores español y alto diplomático de la UE, señaló que, mientras que Estados Unidos y la Iglesia católica ayudaron a instaurar la democracia en Polonia, esas mismas fuerzas habían respaldado décadas de fascismo y dictadura de posguerra en España.

 

Sin embargo, España no se considera un caso atípico en el continente, sino un país que marca tendencia. Albares me comentó que su Gobierno está en sintonía con sus aliados europeos en su apuesta por reforzar la capacidad y la "soberanía" del continente ante un mundo en constante cambio y una América cada vez menos fiable. Esa iniciativa podría incluir un aumento del gasto en defensa y un impulso hacia la creación de un ejército europeo integrado, independiente de la OTAN, una medida que podría ser bien recibida por muchos en el bando de Trump. Pero también implica diversificar los intereses y las inversiones alejándose de Estados Unidos. "Tenemos que buscar nuevos socios" en respuesta al proteccionismo trumpista, dijo Albares, señalando la creciente diplomacia comercial con América Latina, India y China.

 

No se trata de una visión especialmente nueva: en 2019, entrevisté a Sánchez al margen de la Asamblea General de la ONU en Nueva York, y ya entonces habló de que Europa debía estar más unida y mostrarse más decidida, así como "crear un mayor equilibrio" en la política mundial. La necesidad de este resurgimiento geopolítico, dijo, no hizo más que "intensificarse" con la llegada de Trump a la escena mundial. El segundo mandato de Trump ha acentuado la urgencia, y Sánchez, como uno de los líderes de las llamadas potencias medias (países que, según la formulación del primer ministro canadiense, Mark Carney, deberían unirse a la sombra de la perturbación que supone Trump), podría estar tratando de forjar un nuevo tipo de liderazgo global. En abril, Sánchez se reunió con el presidente chino, Xi Jinping, en Pekín e instó a China a tomar una mayor iniciativa a la hora de abordar retos comunes como el cambio climático y los riesgos de nuevas pandemias. A diferencia de otros líderes occidentales (y de la clase dirigente de la política exterior en Washington), Sánchez ve a China en términos más pragmáticos, en lugar de considerarla necesariamente un rival estratégico.

 

Albares argumentó que nada de esto debería poner en peligro los numerosos vínculos que unen a España con Estados Unidos. "Estados Unidos es el aliado histórico y natural de Europa. Nos gustaría que siguiera siendo así", afirmó, antes de añadir una nota de cautela: "La relación transatlántica se ha basado en valores: los valores de la defensa de la democracia, el derecho internacional, la paz y la seguridad. Así es como pretendemos seguir adelante". Pero, señaló, para que esa relación continúe, se necesitan países que compartan esos valores "a ambos lados del Atlántico".


Traducción del artículo original publicado el 13 de mayo de 2026 en la revista estadounidense The New Yorker.

miércoles, 13 de mayo de 2026

El líder español se ha convertido en la némesis de Trump, y está ganando

Fue toda una cumbre.

En abril, muchas de las figuras destacadas del progresismo mundial, entre ellas el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, se dieron cita en Barcelona. En teoría, estaban allí para mostrar su apoyo a la democracia y al multilateralismo frente a la amenaza que supone la extrema derecha. Pero sería comprensible pensar que el verdadero propósito de su visita era rendir homenaje al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. El líder de centroizquierda más veterano de Occidente se ha dado a conocer recientemente por otra cosa: encabezar la oposición global al presidente Trump.
 
A diferencia del enfoque de «no provocar al oso» que adoptan la mayoría de los líderes extranjeros, Sánchez ha desafiado con valentía al presidente estadounidense, condenando la destitución de Nicolás Maduro por parte de Trump y negándose a que Estados Unidos utilice las bases militares en España para la guerra en Irán. Estas posturas vinieron precedidas de una serie de enfrentamientos con Washington. El año pasado, Sánchez fue el único líder de la OTAN que se opuso a la exigencia de Trump de un gran aumento del gasto militar, plantó cara a la amenaza de los aranceles y tomó la iniciativa al reconocer la condición de Estado de Palestina y calificar la guerra en Gaza de genocidio.
 
Para los detractores de Sánchez, este papel como némesis de Trump es la última manifestación del "Sanchismo", una política populista y sin principios diseñada para conservar el poder a cualquier precio. Pero este apodo peyorativo no da en el clavo. A lo largo de ocho años en el cargo, Sánchez ha logrado convertir a España en el último bastión socialdemócrata de Europa, sobreviviendo (e incluso prosperando) en un entorno brutal para los políticos progresistas. Ha logrado esta hazaña combinando ambición, idealismo y pragmatismo, junto con su oposición a Trump. Para los líderes de izquierdas de casi cualquier tendencia, supone un modelo a seguir.
 
Al igual que Trump, Sánchez llegó al poder como un disruptor impaciente. En 2017, recuperó el control del Partido Socialista Obrero Español, recorriendo toda España en su Peugeot 407 para difundir su mensaje antisistema y conectar con las bases del partido. Al año siguiente, orquestó la destitución del presidente Mariano Rajoy (cuyo Partido Popular conservador estaba sumido en escándalos de corrupción) mediante una moción de censura en el Congreso de los Diputados. Tras haber derrocado con éxito un gobierno por primera vez en la historia posfranquista de España, Sánchez se erigió como líder del país.
 
Una vez en el cargo, Sánchez demostró una audacia notable. En 2023, tras convocar elecciones anticipadas, llegó a un controvertido acuerdo con los separatistas catalanes. A cambio de su apoyo, Sánchez ofreció la amnistía a cualquier persona vinculada al referéndum ilegal sobre la independencia de Cataluña celebrado en 2017, incluidos aquellos que no mostraban ningún arrepentimiento. Muchos miembros del poder judicial se opusieron al acuerdo, lo que provocó un colapso entre los conservadores y desencadenó enormes protestas públicas. Pero la apuesta dio sus frutos. Sánchez se mantuvo en el poder y, tras la consagración del acuerdo de amnistía en la ley, el apoyo a la independencia de Cataluña disminuyó significativamente.
 
Esta asunción de riesgos ha estado al servicio de una agenda idealista que Sánchez denomina "progresismo que funciona". Entre 2018 y 2025, ha aumentado el salario mínimo en un 61%, además de introducir reformas laborales para reducir el desempleo, frenar los contratos de corta duración, dificultar el despido de trabajadores y proteger a las mujeres y a las personas LGTBI de la discriminación en el lugar de trabajo. Estas políticas, combinadas con una mayor fiscalidad para los ricos y un generoso apoyo a los trabajadores durante la pandemia, fueron el preludio de un relanzamiento triunfal de la economía española. En 2024, The Economist proclamaba a España como la "economía rica con mejor rendimiento" del mundo.
 
Sánchez también ha intentado que se rinda cuentas por el pasado dictatorial de España. En 2019, logró que se retiraran los restos del general Francisco Franco del Valle de los Caídos, el monumento público más grandioso de España y el memorial del dictador en conmemoración de su victoria en la Guerra Civil Española. Y en 2022, frente a la fuerte oposición de los conservadores, promulgó la Ley de Memoria Democrática. En particular, esta ley histórica obligó al Gobierno a localizar, exhumar y volver a enterrar unas 2.000 fosas comunes que contenían los restos de hasta 150.000 víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista.
 
Sin embargo, nadie debe confundir a Sánchez con un ideólogo. Su pragmatismo es inconfundible, especialmente en lo que respecta a la economía. El llamado "milagro ibérico", sustentado en un sector turístico en auge, las exportaciones de servicios de alto valor, la fabricación de automóviles y las energías renovables, ha ido acompañado del cortejo del Sr. Sánchez a la inversión china. Otro pilar del milagro es una política de inmigración que, aunque generosa (este año entró en vigor una ley que regulariza la situación de 500 000 personas indocumentadas), da prioridad a los latinoamericanos que pueden integrarse en España y a aquellos dispuestos a ocupar puestos de trabajo que los españoles no quieren.
 
Sin duda, reproducir el éxito de Sánchez en otros lugares no será fácil. Por un lado, la aversión de España hacia la extrema derecha (arraigada en su experiencia relativamente reciente con la dictadura) ha limitado el atractivo de la derecha radical, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares de Europa. Es más, la presencia de fuerzas considerables a la izquierda de Sánchez le ha permitido tomar prestadas sus ideas sin perder su estatus de político responsable: puede alinearse con la izquierda o desmarcarse de ella, según lo dicten las circunstancias. Su habilidad para burlar a los oponentes de derecha y eludir los escándalos sería aún más difícil de igualar.
 
Sánchez ha anunciado su intención de presentarse a la reelección el año que viene. Su oposición a Trump ocupará sin duda un lugar destacado. Según encuestas recientes, la opinión pública española es la más pacifista de Europa, ya que el 51% de los españoles considera que Estados Unidos supone una "amenaza" para Europa. Sánchez ya ha experimentado un notable repunte en las encuestas y en sus índices de popularidad gracias a su postura firme frente a Trump. Pero, independientemente del resultado del año que viene, ha consolidado su posición como uno de los líderes españoles más influyentes de la era posfranquista.
 
Más sorprendente aún es la relevancia global de Sánchez. Partiendo de la convicción de que los líderes de centroizquierda han gobernado durante demasiado tiempo como versiones descoloridas de sus homólogos de derecha, ha trazado una clara distinción entre ambos. En el proceso, Sánchez ha establecido una filosofía de gobierno alternativa al trumpismo (una que, además, funciona). No es de extrañar que líderes afines, que navegan por un mundo tumultuoso, hayan acudido a rendirle homenaje y a ver por sí mismos cómo pueden aprender de España.

Traducción del artículo original publicado el 12 de mayo de 2026 en el diario estadounidense The New York Times.

martes, 12 de mayo de 2026

¿Por qué España supera a Italia en salarios, facturas e impuestos?

España se está posicionando como la nueva locomotora de Europa. Según los datos de Eurostat y las previsiones de la Comisión Europea, la economía, el empleo y la inversión crecen de forma ya estructural, y Madrid está resistiendo la crisis energética mejor que el resto de países miembros. Varios economistas (desde Carlo Cottarelli hasta Francesco Saraceno) señalan a España como modelo para Italia, ya que ambas economías son similares en cuanto a vocación turística, producción agrícola, industria manufacturera y tejido productivo compuesto por pequeñas y medianas empresas. Entonces, ¿cómo se explica que Madrid avance e Italia se quede atrás? Veamos las diferencias sustanciales entre ambos sistemas.

Estabilidad política
 
En los últimos 15 años, España ha estado gobernada por dos presidentes del Gobierno, Mariano Rajoy y Pedro Sánchez, quienes, a pesar de pertenecer a bandos opuestos, han garantizado la continuidad de la acción gubernamental incluso en los momentos más críticos. En el mismo periodo, nuestro país ha tenido siete presidentes del Consejo y ocho gobiernos, dos de ellos tecnócratas; un escenario en el que resulta prácticamente imposible mantener una línea política coherente. Sin embargo, desde octubre de 2022 la situación ha cambiado: el Gobierno de Meloni cuenta con una amplia mayoría, mientras que el presidente socialista Sánchez lidera un ejecutivo en minoría que le obliga a continuas mediaciones y que, desde 2023, no logra aprobar una nueva ley de presupuestos (Aquí). No obstante, la evolución general no se ve afectada.

El mercado laboral
 
En 2012, con España en plena crisis financiera, Rajoy puso en marcha una reforma laboral que introducía una mayor flexibilidad y reducía las restricciones a los despidos. En 2018 llega Sánchez, que no deroga las medidas de su predecesor, pero aumenta el salario mínimo (que ha subido progresivamente de los 736 euros de hace ocho años a 1.221 euros por 14 pagas en 2026, mientras que para el personal doméstico el salario mínimo se fija en 9,55 euros por hora) y en 2021 refuerza los contratos indefinidos limitando el recurso a los temporales. La progresiva estabilización de los ocupados y unos 6.800 millones de euros en incentivos destinados a medidas activas, como los programas de formación, han contribuido a la reducción del desempleo: en el primer trimestre de 2026 se redujo en 10 puntos porcentuales con respecto a 2016. En diez años, el consumo de las familias ha aumentado un 12,5% y el PIB ha crecido una media del 2,1%. Hoy en día, España cuenta con un mercado laboral dinámico y es el país, de entre las cuatro principales economías de la UE, donde los salarios han recuperado más poder adquisitivo con respecto a los niveles previos a la COVID-19 (+1,2%).
 
En Italia, en 2015, el Gobierno de Renzi, con la Ley de Empleo, dio luz verde a los despidos con indemnización e introdujo el contrato de protección creciente. En 2017, el Gobierno de Gentiloni suprime el uso de los vales de empleo. En 2018, el primer Gobierno de Conte, con el "Decreto Dignidad", reduce la duración de los contratos de duración determinada de 3 a 1 año, con la posibilidad de prorrogarlo a 2 años solo en presencia de motivos estrictos y obligatorios. En 2023, el Gobierno de Meloni, con el "Decreto Trabajo", interviene en los contratos de duración determinada flexibilizando las condiciones para las prórrogas y reintroduce los vales para el trabajo ocasional.

En los últimos diez años, el desempleo ha descendido en Italia en 6 puntos porcentuales, pero la tasa de inactividad (es decir, la de personas en edad de trabajar que no tienen empleo y no lo buscan) sigue siendo una de las más elevadas de la Unión Europea (34,1%) y la proporción de mujeres con empleo sigue siendo muy baja (54%). Además, el nuevo empleo se ha concentrado principalmente en sectores de baja productividad como la restauración, la asistencia y la construcción. Las consecuencias se reflejan en un consumo casi estancado (+2,9% en 10 años), con un PIB que desde 2016 registra un incremento medio del 1%, mientras que el poder adquisitivo de los salarios ha perdido alrededor del 1,8% con respecto a los niveles previos a la COVID (Aquí). En este contexto, en 2024 el salario medio italiano (33.523 euros) fue superado por el español (33.700 euros) (Fuentes: Teha Group/Eurostat, OCDE).


 
Gestión de la inmigración
 
Los inmigrantes sudamericanos disfrutan de una relación especial con España: al compartir idioma y tradiciones, obtienen la nacionalidad tras solo dos años de residencia legal, frente a los diez años previstos para el resto de extranjeros. Las empresas pueden solicitar la contratación de ciudadanos extracomunitarios en cualquier momento mediante un procedimiento simplificado (aquí) para profesiones con escasez de mano de obra, o para trabajadores de cualquier tipo procedentes de países con los que existen acuerdos bilaterales, como Chile y Perú. Según los datos publicados por el Observatorio de las Cuentas Públicas Italianas (OCPI), el número de extranjeros ha aumentado tanto con los gobiernos de Rajoy como con los de Sánchez, pasando de los 136.000 concedidos en 2014 a los 248.000 de 2024. A estas cifras se suma la gran regularización de alrededor de medio millón de inmigrantes irregulares aprobada el pasado mes de abril. Además, en 2024 se aprobó un Plan Estratégico que prevé una inversión de 100 millones de euros en programas de formación profesional e integración.
 
En lo que respecta a la migración, cabe señalar que Italia está geográficamente más expuesta, y a nuestras costas no llegan ciudadanos con los que compartamos idioma y tradiciones (como ocurre, en cambio, en España). Sin embargo, el punto decisivo es la feroz confrontación entre los partidos que desde hace diez años divide la política italiana y sigue impidiendo una gestión que se sitúe fuera del perímetro ideológico. La contratación de ciudadanos extracomunitarios está regulada por el "Decreto Flussi", y los empresarios deben pasar por cuatro "click days" al año, divididos por tipología: temporeros, asalariados, cuidadores y turismo. Además, los trámites burocráticos son ineficaces y no responden a las necesidades de las empresas (Dataroom, octubre de 2025). Entre 2014 y 2024 se concedieron una media de 160.000 permisos de residencia a extranjeros al año, pero solo una minoría de ellos correspondió a entradas por motivos laborales. El hecho es que España atrae a extranjeros con un nivel de estudios más elevado (el 29% tiene título universitario frente al 12% en Italia) y, a pesar de la baja natalidad, su población residente ha crecido en 3 millones en la última década, mientras que la italiana ha disminuido en 1,7 millones (Fuentes: Teha, Istat, OCPI, Instituto Nacional de Estadística español).

 
 
El mix energético 

Hasta hace ocho años, a pesar de su fuerte dependencia del gas y de la ausencia de energía nuclear, Italia lograba mantener unos precios finales de la electricidad más competitivos que los de España. Desde 2018, Madrid ha transformado su sistema energético: gracias a la expansión de las energías renovables, ha reducido en un 75% el peso del gas y el carbón en la formación del precio de la electricidad, añadiendo más de 40 gigavatios de nueva capacidad entre energía fotovoltaica y eólica. Hoy en día, solo una cuarta parte de la energía eléctrica procede de combustibles fósiles, mientras que la gran mayoría proviene de fuentes con bajas emisiones de carbono, entre ellas las renovables (el 55,2%) y la energía nuclear. Este cambio ha convertido a España en uno de los mercados eléctricos más competitivos de Europa. En 2025, el precio medio de la electricidad al por mayor fue de 65 euros por MWh en España, frente a los 116 euros por MWh en Italia (aquí). La brecha está destinada a ampliarse debido a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio: un estudio de Ember demuestra que, desde principios de 2026, en España el gas ha influido en el precio de la electricidad solo en el 15% de las horas, frente al 89% en Italia (Teha, Confindustria, Ember).

 
 
Inversiones extranjeras

El estudio de Teha también compara las inversiones extranjeras: en la última década, España ha atraído 304.000 millones de euros procedentes de terceros países, lo que ha generado 72.000 puestos de trabajo gracias a nuevas actividades productivas, frente a los 191.000 millones de Italia, con 40.000 puestos de trabajo.

La ventaja española se debe al menos a tres factores:

1) Las reformas que han simplificado los trámites de la administración pública, ampliado la banda ancha e introducido plataformas digitales integradas para la gestión de trámites entre ciudadanos, empresas y administraciones. Según el Índice de Economía y Sociedad Digitales (DESI), España se encuentra entre los países europeos con avances más significativos en materia de digitalización de la administración pública (aquí) y muestra una ventaja respecto a Italia en casi todos los indicadores. En cuanto a los servicios públicos digitales para las empresas, obtiene una puntuación de 91 sobre 100 frente a los 76,3 de Italia, mientras que la diferencia es aún más clara en los servicios transfronterizos: 82,5 frente a 57,9.

2) Una fiscalidad en general más baja (por ejemplo, la cuña fiscal es del 41,4% frente al 45,8% de Italia) y la continuidad de las normas fiscales, que se han mantenido prácticamente sin cambios desde 2015. En Italia, por el contrario, solo entre 2018 y 2023 se aprobaron más de 50 modificaciones fiscales (Aquí, pág. 13).

3) Eficiencia judicial: los tribunales españoles logran resolver, de media, los litigios civiles y mercantiles en tres años y medio (aquí). En Italia se llega hasta los seis.

Traducción del artículo original publicado el 11 de mayo de 2026 en el diario italiano Corriere della Sera.