La innovación y la inmigración parecen ser los dos ingredientes del milagro español, junto con un aumento de los salarios. Exactamente lo contrario de lo que ha ocurrido en Italia
De niños nos divertíamos con una serie de chistes en los que se comparaba a un italiano, un alemán y un francés. Por supuesto, era el italiano el que resultaba más astuto y cerraba la situación cómica. Me vino a la mente este recuerdo mientras pensaba en lo que está haciendo España hoy en día, un país que ya ha tomado el relevo de las dos naciones más prestigiosas como punto de referencia. La comparación es bastante implacable a favor de los ibéricos.
Mientras nosotros malgastamos cientos de millones de euros en Albania para construir unos centros de repatriación fantasmagóricos e inútiles, que lamentablemente han quedado vacíos, el Gobierno español ha seguido un camino completamente diferente. Ha pasado bastante desapercibida, al menos en nuestro país, su decisión de regularizar a quienes carecían de permiso de residencia. Mientras que la nueva UE apuesta por la represión, el presidente Sánchez ha virado hacia la integración.
Las cifras son impresionantes. La reciente medida de regularización ha afectado a más de un millón de personas. Es cierto que España juega en casa, ya que el 70% de los inmigrantes irregulares procede del continente sudamericano, pero las cifras son excepcionales. Los empresarios españoles han aplaudido la sensatez del Gobierno. Solo la derecha ha suscitado una débil polémica.
También en lo que respecta al gasto militar de la OTAN, España ha adoptado una postura contraria y aislada. Es sabido que Sánchez se opuso a la petición de elevar el gasto militar al 5% del PIB, por considerarla irrazonable. Meloni y Crosetto, en cambio, han respondido afirmativamente, obedeciendo a Trump. Para Italia, esta decisión supondría un aumento del gasto en armamento del 100%, lo que elevaría la cifra final a más de 100.000 millones al año. Por primera vez en nuestro país, el gasto militar superaría al destinado a la educación, que actualmente se sitúa en un mísero 4,1% del PIB.
Sánchez ha dicho que quiere defender el estado del bienestar. Meloni, por su parte, se ha puesto con mucho orgullo el casco para embarcarse en una ridícula aventura bélica. El aumento del gasto militar de la derecha belicista tiene muchas fisuras: no es sostenible económicamente, porque no hay dinero; socialmente, porque supondría fuertes recortes en el estado del bienestar; ni tampoco militarmente, sin un proyecto de defensa común europeo.
Pero aquí surge una consideración decisiva. Sin la represión de los migrantes y sin el gasto militar, la economía española iría a la deriva, según una retórica belicista y racista que oímos a menudo. Sin embargo, ha ocurrido justo lo contrario. Para 2026, se prevé que el crecimiento español sea del 2%, frente a nuestro mísero 0,5%, es decir, cuatro veces más. Y este escaso resultado, en nuestro caso, se prolonga desde hace algunos años. Desde 2022, España ha crecido a una tasa acumulada del 16% e Italia, del 6,6 %, casi dos tercios menos.
Si además tenemos en cuenta que en este periodo han llegado desde Europa los 200.000 millones del Plan Nacional de Recuperación y Resiliencia, el contraste se hace aún más dramático. La economía italiana va a rastras, mientras que en Europa la española está en pleno auge.
La diferencia es tan llamativa que ha llevado a los investigadores del Istat a dedicar dos páginas del Informe Anual de 2026 a la comparación entre ambos países (págs. 21-22). Según los investigadores, "este resultado no se debe exclusivamente a factores cíclicos, sino que refleja también una mayor capacidad de la economía española para generar un crecimiento más sostenido de la demanda interna y de la actividad productiva, incluso mediante aumentos de la productividad y una mayor orientación hacia sectores con tecnología más avanzada, especialmente en los servicios".
El crecimiento español se ha visto impulsado por el aumento del consumo, tanto privado como público. El consumo, a su vez, se ha visto impulsado por un aumento de los salarios y de la población activa, sobre todo la de los extranjeros en situación regular. Según los investigadores, este componente extranjero ha ampliado la base productiva y ha alimentado la demanda interna, generando un efecto acumulativo entre la oferta de trabajo y el consumo. Dejando a un lado la jerga de los economistas, la inmigración ha beneficiado a la economía española, y de ahí la decisión de Sánchez.
Al fin y al cabo, la innovación y la inmigración parecen ser los dos ingredientes del milagro español, junto con un aumento de los salarios. Exactamente lo contrario de lo que ha ocurrido en Italia.
Por lo tanto, la presidenta del Gobierno, Meloni, también debería fijarse en las recetas económicas y sociales de nuestros primos españoles. Al militarizar la economía y reprimir la inmigración (la "derecha-derecha"), la receta de Meloni y Crosetto probablemente nos esté condenando a un declive económico del que, hasta ahora, nos hemos librado gracias a los fondos europeos. Mientras que en España la política es un motor para la economía, en Italia es un freno.
¿Hasta cuándo los políticos de derecha, pero también muchos de izquierda, seguirán ignorando las leyes básicas de la economía y nos harán menos ricos, y también más inhumanos, de lo que podríamos ser?
Traducción del artículo original publicado el 14 de julio de 2026 en el diario italiano Il Fatto Quotidiano.

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