¿Podrá mejorar sus relaciones con sus antiguas colonias?
Conseguir que los líderes latinoamericanos se reúnan en una misma sala es toda una hazaña. Lograr que se pongan de acuerdo en algo es aún más difícil. Solo un presidente de la región acudió a la Cumbre Iberoamericana (una reunión bienal de líderes de España, Portugal y Latinoamérica) cuando se celebró en Ecuador hace dos años, y ese fue el anfitrión. Hay esperanzas de que España lo haga mejor cuando organice la reunión de este año, en Madrid, los días 4 y 5 de noviembre. Los organizadores aspiran a que asistan hasta 18 jefes de Estado, o sus representantes.
El momento es propicio. Donald Trump trata cada vez más a América Latina como el patio trasero de Estados Unidos. Aunque ha tomado posesión una oleada de presidentes aparentemente alineados con Trump, la región sigue deseosa de protegerse frente a su imprevisibilidad mediante la diversificación del comercio. Los vínculos con China son importantes, pero también problemáticos. "Nunca he visto tanto interés por Europa", afirma un veterano diplomático latinoamericano.
España mantiene unos vínculos con la región que ninguna de las dos superpotencias mundiales puede igualar. Más de cuatro millones de personas nacidas en América Latina viven actualmente en España, muchas de las cuales han llegado en la última década. Ya en las décadas de los 80 y los 90, la transición de España a la democracia sirvió de modelo para algunas de sus antiguas colonias. Felipe González, presidente del Gobierno entre 1982 y 1996, se convirtió en asesor de los gobiernos de la región. En 1991, España y México convocaron la primera cumbre iberoamericana en Guadalajara, sentando las bases de una comunidad de 22 miembros inspirada vagamente en la Commonwealth de los países que en su día estuvieron bajo dominio británico.
Desde entonces, la influencia de España ha disminuido. Las empresas españolas siguen siendo importantes inversoras en la región. Sin embargo, han dado un paso atrás, al tiempo que América Latina ha reforzado sus lazos con China. Algunos diplomáticos se quejan de que los gobiernos españoles se han mostrado cada vez menos interesados. El actual presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (que ha convocado elecciones generales para el 29 de noviembre) quiere mejorar la situación.
Para ello será necesario un cambio de enfoque. Sánchez se lleva mejor con los gobiernos de izquierda. Las relaciones con los líderes de derecha han sido tensas. En 2024, España retiró temporalmente a su embajador de Buenos Aires después de que Javier Milei, presidente de Argentina, insultara a la esposa de Sánchez en un discurso. España aún no ha aceptado al embajador enviado a Madrid por el nuevo presidente de Colombia. Los parlamentarios se quejan de que el emisario haya hecho comentarios groseros sobre Sánchez en las redes sociales.
Sin embargo, ni siquiera una visión del mundo compartida ha garantizado unas buenas relaciones. Sobre el papel, Sánchez y Claudia Sheinbaum, la presidenta de izquierdas de México, deberían llevarse de maravilla. Pero el predecesor y mentor de Sheinbaum, Andrés Manuel López Obrador, se enzarzó en una disputa con España por su pasado colonial y exigió una disculpa del rey por la conquista. El Ministerio de Asuntos Exteriores español reaccionó a la defensiva; la disputa se agravó cuando México no invitó al rey a la toma de posesión de Sheinbaum en 2024.
Sheinbaum se ha mostrado más dispuesta a separar los agravios históricos de los intereses actuales. Tiene buenas razones para hacerlo, señala Rafael Ch, de Signum Global Advisors, una consultora. Estados Unidos es el principal socio comercial de México, pero la errática política de Trump está debilitando los lazos. Con un crecimiento económico lento, Sheinbaum tiene poco que ganar permitiendo que se prolongue una disputa diplomática con España.
Es probable que Delcy Rodríguez, presidenta interina de Venezuela, asista a la reunión en Madrid. Rodríguez gobierna con el respaldo de Trump, por lo que es poco probable que los latinoamericanos pongan pegas a su presencia. Sin embargo, en España sí que sería un tema polémico. Los opositores llevan mucho tiempo acusando a la izquierda española de complacer al sombrío régimen de Venezuela. Sería un soplo de aire fresco (y bueno para la imagen de España) que la cumbre reclamara enérgicamente que se acelere la transición democrática del país.
Los participantes en la reunión de Madrid debatirán sobre la inteligencia artificial, la preparación ante catástrofes y el reconocimiento mutuo de títulos académicos, como las titulaciones universitarias. Este tipo de temas pueden parecer de poca importancia. Sin embargo, otras organizaciones regionales, como la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Organización de los Estados Americanos, atraviesan un momento de declive. Así que quizá lo más importante sea el mero hecho de reunirse.
Traducción del artículo original publicado el 29 de octubre de 2026 en el semanario británico The Economist.

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