El presidente del Gobierno español se ha reinventado como el principal abanderado de la izquierda europea. ¿Podría su éxito ofrecer al primer ministro del Reino Unido una vía a seguir?
Buenos días. Para los observadores internacionales, parece que Pedro Sánchez ha logrado lo imposible. Mientras que otros primeros ministros europeos de izquierdas o con tendencia izquierdista han fracasado y se han visto en apuros, el presidente del Gobierno español ha resistido.
Desde junio de 2018, Sánchez ha gobernado desde Madrid, poniendo en marcha un sinfín de políticas progresistas. Más recientemente, se ha erigido como una voz destacada (y a menudo solitaria) de la izquierda europea en la escena mundial, adoptando un tono desafiante en todo, desde la guerra de la Administración Trump en Irán ("la cortina de humo de la guerra para ocultar su fracaso") hasta las acciones de Israel en Gaza ("el exterminio de un pueblo indefenso"). El hecho de que la prensa internacional le haya apodado "El Guapo" tampoco le viene mal.
En el ámbito nacional, sin embargo, la situación es más compleja. El círculo más cercano a Sánchez se encuentra inmerso en un escándalo de corrupción que le está haciendo mucho daño, y las encuestas indican que su Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tradicionalmente de centroizquierda, está en horas bajas. Mientras tanto, los recientes sucesos en Ceuta y los apocalípticos incendios forestales plantean espinosos retos políticos. Los líderes europeos se han vuelto públicamente contra Sánchez, y todo ello con unas elecciones generales a la vuelta de la esquina el año que viene.
Pero, al igual que el propio primer ministro del Reino Unido, aunque Sánchez se ha labrado un nombre, no siempre fue la figura de izquierdas que se le considera hoy en día.
El arte de la reinvención política
Andy Burnham y Pedro Sánchez tienen trayectorias similares. Ambos entraron inicialmente en sus respectivos parlamentos y luego los abandonaron tras no haber logrado sus ambiciones; ambos regresaron y, tras una discreta reinvención, acabaron ocupando el cargo más alto.
Ya conocemos la historia de Burnham: el exministro blairista perdió las elecciones a la presidencia del Partido Laborista y, en su lugar, se convirtió en alcalde de una de las ciudades más grandes del Reino Unido, donde resurgió transformado gracias a su filosofía vagamente articulada: el "manchesterismo".
Sánchez tampoco fue siempre la figura progresista que es hoy. El antiguo profesor de Economía fue elegido por primera vez líder del PSOE en 2014, como un centrista convencido. "Era el candidato de compromiso entre la izquierda y la derecha", afirma Gilmartin. "Al principio, las expectativas sobre él eran escasas".
Su primer mandato al frente del partido terminó en 2016, después de que una serie de derrotas electorales y una revuelta interna caótica le obligaran a dimitir ante la presión de los pesos pesados del partido. Y así comenzó su transformación: Sánchez, de 1.90 metros de altura, se metió en su Peugeot y se lanzó a recorrer España en coche. "Me subiré a mi coche y recorreré toda España para escuchar a quienes no han sido escuchados, a las bases y a los votantes de izquierda", afirmó Sánchez.
Sánchez entiende que anclar a su partido a la izquierda es la forma en que puede gobernar.
Fuera de Madrid, se transformó en una figura antisistema y cercana al pueblo. En el verano de 2017, volvió a ser líder del PSOE. Formó un Gobierno en junio de 2018 y, desde entonces, es presidente del Gobierno.
"No es necesariamente un izquierdista convencido", afirma Gilmartin, "pero Sánchez entiende que anclar su partido en la izquierda y posicionarse como líder de un bloque progresista más amplio es la forma en que puede gobernar. Es un pragmático muy impresionante".
En 2019, para reforzar el apoyo de la izquierda, Sánchez se comprometió a poner en marcha cientos de políticas progresistas. Y, en líneas generales, ha cumplido con este programa: ha realizado importantes inversiones en energías renovables, ha aumentado el salario mínimo, ha ampliado el derecho al aborto, ha prohibido las denominadas "prácticas de conversión de homosexuales", ha limitado los aumentos de los alquileres y ha subido los impuestos a los más ricos, al tiempo que ha reducido la carga fiscal de las rentas más bajas.
En casa y fuera
Esto no quiere decir que el mandato de Sánchez haya sido un camino de rosas. Han salido a la luz una serie de escándalos de corrupción en los que se ven implicados su hermano, su esposa y su predecesor, muchos de los cuales el presidente del Gobierno ha tachado de "campañas de desprestigio con motivaciones políticas". Otros colaboradores de confianza también han sido acusados de recibir sobornos. Mientras tanto, su gobierno de coalición minoritaria no consigue reunir mucho apoyo; no han logrado aprobar un nuevo presupuesto desde 2023. El PSOE ha perdido una serie de elecciones locales recientes.
Siempre pragmático, Sánchez cambió su enfoque hacia la escena internacional. En el último año más o menos, Sánchez se enfrentó abiertamente a Trump. Se negó a autorizar el uso militar por parte de EE. UU. de las bases operadas conjuntamente para atacar Irán, afirmando: "No se puede responder a una ilegalidad con otra, porque así es como comienzan las grandes catástrofes de la humanidad". España reconoció oficialmente al Estado palestino en 2024, y Sánchez calificó las acciones de Israel en Gaza de "genocidio" y describió la respuesta general de Europa como un "fracaso".
"Su política exterior ha adquirido un papel mucho más importante, lo que demuestra que (lidera) un gobierno con vida", afirma Gilmartin. A pesar de ser socialdemócrata, ha asumido su reputación como la voz y la conciencia de la izquierda internacional, organizando, en abril, un encuentro de la izquierda repleto de figuras destacadas en Barcelona para revitalizar la política progresista internacional.
Todo ello ha contribuido a consolidar el apoyo a su país, aunque todavía no ha reforzado significativamente su popularidad a nivel nacional.
Una fórmula ganadora
Tras ocho años en el cargo, no es ninguna sorpresa que la popularidad de Sánchez esté en declive. Pero merece la pena analizar su éxito electoral de 2023. En la recta final hacia esas elecciones, se encontraba al borde de la derrota. El Partido Popular, de derechas, lideraba las encuestas, mientras que Vox, de extrema derecha, se perfilaba para quedar en tercer lugar. Parecía que se avecinaba una coalición entre la derecha y la extrema derecha. Pero, según Gilmartin, "al plantear las elecciones como un enfrentamiento entre él y la extrema derecha", Sánchez logró cambiar el rumbo de la campaña, señalando todos los logros políticos y las protecciones sociales que, de lo contrario, se verían amenazados.
Starmer también lo intentó en su discurso en el congreso del Partido Laborista de 2025. Pero su visión de "una renovación nacional patriótica bajo el Partido Laborista… o la tóxica polarización y división de Reform" no caló. Starmer no supo transmitir una visión coherente. No logró señalar las políticas que los votantes echarían de menos.
"La polarización frente a la derecha funciona para el centroizquierda si se cumplen las promesas en materia de coste de la vida y otras cuestiones materiales", afirma Gilmartin. De lo contrario, uno se queda con el progresismo vacío de, por ejemplo, Hillary Clinton enfrentándose a Trump. "Se ha demostrado que eso no es suficiente".
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| Andy Burnham, primer ministro y exalcalde del Gran Mánchester, dio un giro a su carrera política cuando abandonó Westminster. Fotografía: Kirsty Wigglesworth/AP |
Entonces, ¿qué lecciones puede extraer Burnham?
Burnham sabe que tiene que cumplir con las expectativas, a menos de tres años de las próximas elecciones generales. Al principio parecía que podría mostrarse audaz en materia de políticas: anunció su intención de acabar con la falta de vivienda desde el primer día.
Pero desde entonces (y, para ser justos, hay que tener en cuenta que Burnham asumió el cargo justo antes de las vacaciones de verano), se ha mantenido bastante callado. Y tanto en materia de inmigración como de medio ambiente (dos grandes puntos de discordia entre los progresistas y gran parte de la derecha), apenas ha dicho nada.
Sánchez adoptó un enfoque diferente. Una de sus primeras medidas como presidente del Gobierno fue permitir que el Aquarius atracara en Valencia: el barco que transportaba a 629 personas rescatadas frente a las costas de Libia y al que Italia y Malta habían denegado el acceso. Desde entonces, Sánchez ha tomado medidas para regularizar a los migrantes indocumentados en España. Después de que 72.000 personas, en su mayoría marroquíes, cruzaran a Ceuta el mes pasado, Sánchez no cedió ante la derecha ni se plegó a la presión paneuropea. Los resultados son claros: a pesar de los recientes aumentos, los españoles siguen relativamente poco preocupados por la inmigración. En enero, solo el 3,9% de los españoles consideraba que la inmigración era el principal problema al que se enfrentaba España; en junio, el porcentaje era del 4,8%.
Del mismo modo, en materia climática, Sánchez no se ha echado atrás. Mientras Burnham prohibía las barbacoas, Sánchez declaraba que "el cambio climático mata". Está invirtiendo miles de millones en la transición ecológica, mientras que Burnham vacila ante las perforaciones en el Mar del Norte. "Aquí no se considera que haya que disculparse por ser proactivo y progresista en materia climática", afirma Gilmartin.
Al ocupar este espacio, Sánchez se ha hecho con el voto de la izquierda. Sumar, el socio de coalición de Sánchez situado a la izquierda del PSOE, ha caído en las encuestas. Cuando Sánchez asumió por primera vez la dirección del PSOE, Podemos (más a la izquierda) alcanzaba en las encuestas hasta un 26%; hoy en día, ronda el 3%.
A Burnham le convendría aprender de esto: porque, aunque Starmer hizo de los ataques a la izquierda una característica definitoria de su mandato, el Partido Laborista perdió casi cuatro veces más votantes a favor de los Verdes que a favor de Reform UK en las elecciones locales de 2026.
Por ahora, sigue la espera para ver si Burnham demostrará ser un primer ministro progresista o, al menos, un pragmático impresionante.
Traducción del artículo original publicado el 17 de agosto de 2026 en el diario británico The Guardian.


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