Michael Reid, nuestro corresponsal en España, explica por qué la selección de fútbol encarna lo mejor del país.
Fue agónico, pero al fin, ya en la prórroga, España marcó el primer y único gol de una final del Mundial contra Argentina que mereció ganar con creces. Tras unos últimos 20 minutos de nervios, el pitido final desencadenó una explosión de júbilo por todo el país. En Madrid, Barcelona y otras ciudades, los miles de personas que abarrotaban las zonas de aficionados gritaban y cantaban. Los seguidores, ataviados con las camisetas de La Roja y enarbolando banderas nacionales, deambulaban por las calles en medio de la alegría. El ambiente era festivo y pacífico; los grupos vestidos con las camisetas azules y blancas de Argentina no sufrieron ningún tipo de acoso. A los jugadores vencedores les espera el lunes por la tarde el tradicional recorrido en autobús descapotable por Madrid hasta la plaza de Cibeles.
Para España hay mucho que celebrar. No solo ha presentado, con diferencia, el mejor equipo del torneo, sino que además encarna unas virtudes españolas que el visitante ocasional rara vez percibe: modestia, trabajo duro, organización y, sobre todo, unidad. Como dijo Luis de la Fuente, el seleccionador, en una charla en el vestuario antes de la semifinal contra Francia, favorita del torneo: "Nos enfrentamos a la mejor selección de jugadores, pero nosotros somos el mejor equipo". Afirmó que selecciona a "gente normal" en lugar de superestrellas. La figura más influyente de España es Rodrigo "Rodri" Hernández, un discreto director de juego en el centro del campo que fue nombrado mejor jugador del Mundial.
El éxito de España se basa en impedir que el rival tenga la posesión del balón, en defender muy arriba en el campo y en un control preciso y un juego de pases entre sí a la hora de atacar. Quizá porque varios de los jugadores han jugado juntos en las selecciones juveniles españolas entrenadas por de la Fuente, antes de que este asumiera el cargo de seleccionador absoluto en 2022, parecen saber instintivamente dónde se va a encontrar cada uno. El equipo está compuesto principalmente por jóvenes: con 19 años, Lamine Yamal, un extremo y estrella en ascenso que decepcionó en la final, y Pau Cubarsí, un central que no lo hizo, son el tercer y cuarto jugador más jóvenes de la historia en disputar una final del Mundial.
Argentina intentó desestabilizar el juego español con patadas y empujones. Un árbitro menos indulgente habría mostrado más de la única tarjeta roja que se les mostró durante el partido. También frustraron a España con una defensa apasionada y a ultranza. La final fue inusualmente desigual: en el tiempo reglamentario, Argentina no logró ni un solo tiro a puerta, mientras que España sí lo hizo. Lionel Messi, la estrella argentina, tuvo poca influencia en el partido hasta que inspiró un par de ataques en los últimos minutos.
La selección española representa la cohesión nacional y un país en transformación. La convocatoria para el Mundial estaba formada por nueve catalanes y tres vascos, y el resto procedía de todos los rincones del país, desde las Islas Canarias hasta Galicia. Yamal y Nico Williams, que dio la asistencia para el gol, son hijos de inmigrantes africanos. El equipo no cuenta con ningún jugador del Real Madrid. Hasta hace poco, muchos catalanes y vascos se mostraban ambivalentes hacia La Roja. Eso parece haber dado paso al entusiasmo, especialmente entre los jóvenes. La audiencia televisiva del partido contra Francia fue casi tan alta en Cataluña y el País Vasco como en el resto del país. Solo se produjo un acto de intolerancia: después de que el alcalde de Bilbao, un nacionalista vasco, se negara a instalar una pantalla gigante para ver la final, el partido conservador de la oposición montó una por su cuenta, que fue saboteada brevemente por un puñado de extremistas.
En un editorial, el periódico "El País" destacó la "comunión" vivida en todo el país y elogió "la forma en que cada uno (del equipo) se sacrifica por el colectivo, siguiendo unos principios". Expresó su esperanza de que estos valores perduren más allá del Mundial y contribuyan a reducir la polarización política y la fragmentación que sufre España. Puede que sea una esperanza vana. Pero en toda Europa muchos se han alegrado de la victoria de España. Este Mundial, cuyo anfitrión principal fue Estados Unidos, se ha visto empañado por un excesivo comercialismo al estilo estadounidense y por la injerencia política de Donald Trump. No fue su aliado, Argentina, quien ganó, sino la nación a la que él ha tildado de "socio terrible". ¡Viva España!
Traducción del artículo original publicado el 20 de julio de 2026 en el semanario británico The Economist.

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