miércoles, 13 de mayo de 2026

El líder español se ha convertido en la némesis de Trump, y está ganando

Fue toda una cumbre.

En abril, muchas de las figuras destacadas del progresismo mundial, entre ellas el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y el presidente de Sudáfrica, Cyril Ramaphosa, se dieron cita en Barcelona. En teoría, estaban allí para mostrar su apoyo a la democracia y al multilateralismo frente a la amenaza que supone la extrema derecha. Pero sería comprensible pensar que el verdadero propósito de su visita era rendir homenaje al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez. El líder de centroizquierda más veterano de Occidente se ha dado a conocer recientemente por otra cosa: encabezar la oposición global al presidente Trump.
 
A diferencia del enfoque de «no provocar al oso» que adoptan la mayoría de los líderes extranjeros, Sánchez ha desafiado con valentía al presidente estadounidense, condenando la destitución de Nicolás Maduro por parte de Trump y negándose a que Estados Unidos utilice las bases militares en España para la guerra en Irán. Estas posturas vinieron precedidas de una serie de enfrentamientos con Washington. El año pasado, Sánchez fue el único líder de la OTAN que se opuso a la exigencia de Trump de un gran aumento del gasto militar, plantó cara a la amenaza de los aranceles y tomó la iniciativa al reconocer la condición de Estado de Palestina y calificar la guerra en Gaza de genocidio.
 
Para los detractores de Sánchez, este papel como némesis de Trump es la última manifestación del "Sanchismo", una política populista y sin principios diseñada para conservar el poder a cualquier precio. Pero este apodo peyorativo no da en el clavo. A lo largo de ocho años en el cargo, Sánchez ha logrado convertir a España en el último bastión socialdemócrata de Europa, sobreviviendo (e incluso prosperando) en un entorno brutal para los políticos progresistas. Ha logrado esta hazaña combinando ambición, idealismo y pragmatismo, junto con su oposición a Trump. Para los líderes de izquierdas de casi cualquier tendencia, supone un modelo a seguir.
 
Al igual que Trump, Sánchez llegó al poder como un disruptor impaciente. En 2017, recuperó el control del Partido Socialista Obrero Español, recorriendo toda España en su Peugeot 407 para difundir su mensaje antisistema y conectar con las bases del partido. Al año siguiente, orquestó la destitución del presidente Mariano Rajoy (cuyo Partido Popular conservador estaba sumido en escándalos de corrupción) mediante una moción de censura en el Congreso de los Diputados. Tras haber derrocado con éxito un gobierno por primera vez en la historia posfranquista de España, Sánchez se erigió como líder del país.
 
Una vez en el cargo, Sánchez demostró una audacia notable. En 2023, tras convocar elecciones anticipadas, llegó a un controvertido acuerdo con los separatistas catalanes. A cambio de su apoyo, Sánchez ofreció la amnistía a cualquier persona vinculada al referéndum ilegal sobre la independencia de Cataluña celebrado en 2017, incluidos aquellos que no mostraban ningún arrepentimiento. Muchos miembros del poder judicial se opusieron al acuerdo, lo que provocó un colapso entre los conservadores y desencadenó enormes protestas públicas. Pero la apuesta dio sus frutos. Sánchez se mantuvo en el poder y, tras la consagración del acuerdo de amnistía en la ley, el apoyo a la independencia de Cataluña disminuyó significativamente.
 
Esta asunción de riesgos ha estado al servicio de una agenda idealista que Sánchez denomina "progresismo que funciona". Entre 2018 y 2025, ha aumentado el salario mínimo en un 61%, además de introducir reformas laborales para reducir el desempleo, frenar los contratos de corta duración, dificultar el despido de trabajadores y proteger a las mujeres y a las personas LGTBI de la discriminación en el lugar de trabajo. Estas políticas, combinadas con una mayor fiscalidad para los ricos y un generoso apoyo a los trabajadores durante la pandemia, fueron el preludio de un relanzamiento triunfal de la economía española. En 2024, The Economist proclamaba a España como la "economía rica con mejor rendimiento"» del mundo.
 
Sánchez también ha intentado que se rinda cuentas por el pasado dictatorial de España. En 2019, logró que se retiraran los restos del general Francisco Franco del Valle de los Caídos, el monumento público más grandioso de España y el memorial del dictador en conmemoración de su victoria en la Guerra Civil Española. Y en 2022, frente a la fuerte oposición de los conservadores, promulgó la Ley de Memoria Democrática. En particular, esta ley histórica obligó al Gobierno a localizar, exhumar y volver a enterrar unas 2.000 fosas comunes que contenían los restos de hasta 150.000 víctimas de la Guerra Civil y la dictadura franquista.
 
Sin embargo, nadie debe confundir a Sánchez con un ideólogo. Su pragmatismo es inconfundible, especialmente en lo que respecta a la economía. El llamado "milagro ibérico", sustentado en un sector turístico en auge, las exportaciones de servicios de alto valor, la fabricación de automóviles y las energías renovables, ha ido acompañado del cortejo del Sr. Sánchez a la inversión china. Otro pilar del milagro es una política de inmigración que, aunque generosa (este año entró en vigor una ley que regulariza la situación de 500 000 personas indocumentadas), da prioridad a los latinoamericanos que pueden integrarse en España y a aquellos dispuestos a ocupar puestos de trabajo que los españoles no quieren.
 
Sin duda, reproducir el éxito de Sánchez en otros lugares no será fácil. Por un lado, la aversión de España hacia la extrema derecha (arraigada en su experiencia relativamente reciente con la dictadura) ha limitado el atractivo de la derecha radical, a diferencia de lo que ocurre en otros lugares de Europa. Es más, la presencia de fuerzas considerables a la izquierda de Sánchez le ha permitido tomar prestadas sus ideas sin perder su estatus de político responsable: puede alinearse con la izquierda o desmarcarse de ella, según lo dicten las circunstancias. Su habilidad para burlar a los oponentes de derecha y eludir los escándalos sería aún más difícil de igualar.
 
Sánchez ha anunciado su intención de presentarse a la reelección el año que viene. Su oposición a Trump ocupará sin duda un lugar destacado. Según encuestas recientes, la opinión pública española es la más pacifista de Europa, ya que el 51% de los españoles considera que Estados Unidos supone una "amenaza" para Europa. Sánchez ya ha experimentado un notable repunte en las encuestas y en sus índices de popularidad gracias a su postura firme frente a Trump. Pero, independientemente del resultado del año que viene, ha consolidado su posición como uno de los líderes españoles más influyentes de la era posfranquista.
 
Más sorprendente aún es la relevancia global de Sánchez. Partiendo de la convicción de que los líderes de centroizquierda han gobernado durante demasiado tiempo como versiones descoloridas de sus homólogos de derecha, ha trazado una clara distinción entre ambos. En el proceso, Sánchez ha establecido una filosofía de gobierno alternativa al trumpismo (una que, además, funciona). No es de extrañar que líderes afines, que navegan por un mundo tumultuoso, hayan acudido a rendirle homenaje y a ver por sí mismos cómo pueden aprender de España.

Traducción del artículo original publicado el 12 de mayo de 2026 en el diario estadounidense The New York Times.

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