A primera vista, España inicia la segunda mitad de este año como una de las economías con mejor rendimiento de Europa, algo que se refleja sobre todo en el ritmo de la actividad turística en sus principales ciudades. El año pasado, España recibió a 96,8 millones de turistas: una cifra récord. En los dos primeros meses de 2026, casi 10,7 millones de personas visitaron el país, lo que supone un aumento interanual del 2%.
Las cifras del PIB confirman esta impresión. Tras un crecimiento del PIB del 2,8% en 2025, el Banco de España elevó recientemente su previsión para 2026 del 2,2% al 2,3%. Al mismo tiempo, advirtió de que las crisis relacionadas con la energía podrían provocar un desvío respecto a su escenario base. Con o sin volatilidad en Oriente Medio, el banco central prevé un crecimiento del PIB del 1,7% para 2027, por debajo de su proyección de diciembre, que era del 1,9%.
En comparación, la mayoría de las estimaciones para 2026 prevén que la zona del euro crezca entre un 1,1 % y un 1,3 %, y se espera que las economías más grandes, como Alemania e Italia, se queden rezagadas.
No obstante, la fortaleza comparativa de España convive con crecientes desequilibrios estructurales, como la escasez de vivienda y las ventajas energéticas determinadas por su cambiante mix energético, factores que ayudarán a determinar si el crecimiento se traduce en una estabilidad financiera duradera o comienza a limitarla.
Sector bancario: ¿fortaleza o estancamiento?
Una cuestión clave para los inversores y las empresas es si el sistema financiero español evolucionará para impulsar el crecimiento.
El fracaso de la oferta de BBVA por el Banco de Sabadell el pasado otoño eliminó la que había sido la vía más clara para la expansión en el sector bancario español. No está tan claro qué la sustituirá.
A simple vista, los bancos españoles parecen excepcionalmente sólidos. La rentabilidad sigue estando entre las más altas de Europa, los niveles de capital son sólidos y los bancos continúan recompensando a los accionistas mediante dividendos y recompras de acciones. El programa de 3.960 millones de euros del BBVA es solo un ejemplo de una tendencia más amplia en todo el sector, que también incluye al Banco Santander, el cual afirma que devolverá al menos 10.000 millones de euros a los accionistas entre 2025 y finales de este año.
Santander, sin embargo, está combinando la distribución de capital con la expansión a través de su próxima integración de Webster Bank en EE. UU., la continua ampliación de su plataforma digital Openbank (que ya opera en Alemania, Portugal, los Países Bajos, EE. UU. y México) y su estrategia más amplia "One Transformation", destinada a construir una plataforma global más unificada.
No todos los bancos cuentan con una base de capital lo suficientemente amplia como para llevar a cabo tanto un programa de recompra de acciones muy popular como una estrategia de expansión global centrada en el ámbito digital. Esto pone de manifiesto el dilema al que se enfrenta el resto del sector bancario español. Sin una mayor consolidación o un impulso significativo hacia la expansión transfronteriza, algunas partes del sector podrían seguir siendo muy eficientes a nivel nacional, pero de escala limitada en comparación con los mayores grupos bancarios transfronterizos de Europa.
"Todavía hay margen para la consolidación en el sistema", afirma Ángela Cruz, directora ejecutiva de Calificaciones de Instituciones Financieras en Scope Ratings, señalando que el fuerte crecimiento orgánico y las estructuras de propiedad pueden reducir los incentivos para nuevas operaciones. "Los bancos españoles no se encuentran en desventaja en este sentido".
En otras palabras, la cuestión no es una debilidad inmediata, sino si la fortaleza actual reduce la urgencia de buscar escala mientras las condiciones siguen siendo favorables. De cara a la segunda mitad de 2026, la cuestión no es tanto la rentabilidad (que sigue siendo sólida) como la trayectoria. ¿Están los bancos españoles optimizando lo que ya tienen o posicionándose para lo que está por venir?
Limitaciones del mercado inmobiliario
Esa cuestión ya está empezando a manifestarse en el mercado inmobiliario. A diferencia del colapso crediticio mundial de 2008, el riesgo actual no es la insolvencia bancaria, sino un desequilibrio estructural entre la oferta y la demanda y la forma en que ese desequilibrio está reconfigurando el mercado hipotecario.
España no se enfrenta a un problema de demanda. "De cara al segundo semestre, esperamos que el crecimiento de las hipotecas siga estando más limitado por la falta de oferta que por la demanda o las condiciones crediticias", afirma Pedro Álvarez Ondina, economista de CaixaBank Research.
A pesar de un déficit de oferta que ha aumentado hasta superar las 730.000 viviendas desde 2021, las nuevas licencias de obra han descendido aproximadamente un 54%, pasando de 355.300 en 2008 a solo 162.195 el año pasado, según CaixaBank Research. El desequilibrio sigue respaldando los precios, especialmente en ubicaciones muy demandadas como Madrid, Barcelona, Valencia, Alicante y Málaga. Desde una perspectiva bancaria, también refuerza la calidad de los activos al limitar el riesgo de una corrección brusca.
"La oferta limitada ayuda a reducir los riesgos a la baja sobre los precios", observa Álvarez Ondina, "pero cada vez más actúa como un lastre para el crecimiento del volumen hipotecario".
La opinión de Scope coincide en líneas generales con ese análisis, pero señala algunos puntos de presión adicionales. "El crecimiento de los precios de la vivienda está superando al de la renta disponible real", afirma Cruz. "Los indicadores de capacidad de pago de la deuda se han deteriorado y ha aumentado la proporción de nuevas hipotecas con un alto LTV (préstamo sobre valor). Pero ninguno de estos factores apunta a presiones inminentes sobre la calidad de los activos".
La composición de la demanda también está cambiando.
"La disminución de la proporción de compras de viviendas sin hipoteca (de alrededor del 35% al 30%) no debe interpretarse principalmente como un enfriamiento del interés de los compradores extranjeros o con gran liquidez", afirma Álvarez Ondina. "Más bien, refleja una normalización de las condiciones de financiación tras el fuerte endurecimiento de 2022-2023". A medida que los costes de financiación se han estabilizado, el apalancamiento ha vuelto a resultar atractivo, incluso para compradores con recursos suficientes para pagar en efectivo.
Para los bancos, esto se traduce en unas perspectivas más matizadas para la segunda mitad del año.
El aumento del valor de las garantías y un mercado con una oferta estructuralmente insuficiente siguen respaldando la calidad crediticia. El ritmo de concesión de nuevos préstamos está cada vez más vinculado a la disponibilidad de parque inmobiliario que a la demanda subyacente.
La conclusión es que el mercado inmobiliario español no muestra signos de debilitamiento. Más bien, se ve limitado por la oferta, lo que define cada vez más tanto la dinámica de los precios como la trayectoria del crecimiento del crédito.
La energía como ventaja
Si la vivienda representa una posible limitación financiera para el crecimiento de España, el sector energético pone de manifiesto una de sus ventajas estructurales más evidentes.
La crisis energética provocada por la inestabilidad en Oriente Medio ha puesto de manifiesto que España está menos expuesta a la influencia del gas en los precios de la electricidad que muchos de sus homólogos europeos. Gracias a su transición en curso hacia las energías renovables, como la eólica y la solar, el gas solo influyó en el precio de la electricidad del país durante el 15% de las horas de este año hasta principios de marzo, en comparación con el 89% en Italia y el 40% en Alemania, según Ember, un grupo de expertos en energía con sede en Londres.
La industria manufacturera española ha mostrado una notable resistencia en este contexto.
"Las empresas están ahora mejor preparadas desde el punto de vista estructural", afirma Álvarez Ondina, citando una menor intensidad energética, un mayor uso de contratos a largo plazo y una mayor inversión en autogeneración y eficiencia. De cara al futuro, prevé que estos factores "deberían ayudar a amortiguar, aunque no a compensar por completo, las nuevas crisis de los precios de la energía".
Pero el sistema se enfrenta a sus propias limitaciones. A medida que aumenta la penetración de las energías renovables, la dinámica de los precios se vuelve más compleja, con periodos de exceso de generación que empujan a la baja los precios al por mayor durante las horas de máxima producción. Este fenómeno, conocido como canibalización de precios, se suma a los cuellos de botella de la red como un factor que los inversores seguirán de cerca para evaluar cuánta capacidad más puede absorber el mercado antes de que los rendimientos a largo plazo se vean sometidos a presión.
Dicho esto, la combinación de una economía turística sólida, una población en crecimiento, un mercado inmobiliario resistente y una ventaja energética sigue haciendo de España un caso atípico en una economía europea con un rendimiento relativamente bajo. Su próxima fase de crecimiento dependerá de la capacidad del sistema para respaldarlos y fomentarlos.
Traducción del artículo original publicado el 29 de mayo de 2026 en la revista Global Finance Magazine.


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