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sábado, 21 de marzo de 2026
España es un ejemplo a seguir a la hora de hacer frente a las crisis del petróleo iraní
lunes, 16 de marzo de 2026
Deriva militarista, admisión de debilidad
Seamos claros: la deriva militarista de Estados Unidos que estamos presenciando con la guerra en Irán se percibe, sobre todo, como una terrible admisión de debilidad. Las élites estadounidenses son cada vez más conscientes de la fragilidad financiera, comercial y política de su país. Los más nacionalistas entre ellos han llegado a la conclusión de que la única solución es poner las armas sobre la mesa. El objetivo declarado de esta estrategia belicista es perfectamente claro: no se trata de promover ningún tipo de ideal colectivo, sino más bien de obtener beneficios económicos al poseer la mayor fuerza militar del mundo.
Hay que tomarse en serio las palabras de Trump: está dispuesto a llegar a acuerdos con cualquier mulá o chavista del planeta, siempre y cuando las empresas estadounidenses puedan hacerse con las riquezas de Irán o Venezuela. La misma lógica se aplica a los minerales de Groenlandia, Ucrania o Rusia. Los negocios son los negocios, y Trump pretende recurrir a la fuerza para cerrar acuerdos lucrativos allá donde se presenten. Su enfoque recuerda al de las potencias coloniales europeas del pasado.
También es importante no sobreestimar el impacto de las personalidades individuales. Lo que ha ocurrido desde principios de 2025 al otro lado del Atlántico ha puesto de manifiesto, sin duda, los límites del modelo democrático estadounidense y los riesgos extremos asociados a la personalización del poder. Nadie previó lo fácil que sería gobernar el país firmando una cascada de órdenes ejecutivas, sin ningún control ni contrapeso real, ni en el Congreso ni en el Tribunal Supremo (o solo de forma muy tardía y muy parcial, como recientemente en el caso de los aranceles).
Esto pone de manifiesto hasta qué punto la democracia debe reinventarse y replantearse continuamente en sus fundamentos institucionales, como las constituciones, los procedimientos electorales, la organización de la labor parlamentaria, el funcionamiento de los partidos políticos, la financiación y la gobernanza de los medios de comunicación, etc. No hay que dar nada por sentado. Pero no debemos engañarnos: más allá del factor Trump y de las deficiencias institucionales que deben corregirse lo antes posible, la deriva ideológica del Partido Republicano hacia un nacionalismo extractivista ha llegado, sin duda, para quedarse.
En primer lugar, porque el apetito republicano por la diplomacia de las cañoneras no es nada nuevo: no olvidemos a George W. Bush y la invasión de Irak en 2003. En segundo lugar, porque la situación financiera y comercial del país se ha deteriorado drásticamente en los últimos 20 años. Por falta de inversión suficiente en educación e infraestructuras, y por falta de una regulación colectiva adecuada, Estados Unidos ha perdido terreno y ha acumulado déficits comerciales, con una deuda externa neta que alcanza ahora el 70% del PIB. Incluso si los tipos de interés se mantienen bajos, lo cual está lejos de ser seguro, los pagos al resto del mundo alcanzarán pronto niveles nunca antes vistos para una potencia militar dominante. De ahí la tentación irresistible de recurrir a las armas para reforzar las finanzas. Es tan simple como eso.
Esta estrategia brutal y nacionalista está condenada al fracaso. En primer lugar, porque no se ajusta a las fuerzas económicas en juego y, en segundo lugar, porque la opinión pública estadounidense no la tolerará por mucho tiempo. El problema es que puede crear una ilusión temporal, una que puede resurgir periódicamente. Además, permite a los republicanos diferenciarse de los demócratas partidarios del libre comercio y presentarse, sin apenas esfuerzo, como los mejores defensores del interés nacional y de la clase trabajadora. En realidad, todo esto es similar a un juego de roles entre las élites nacionalistas y las élites liberales, quienes, en el fondo, están de acuerdo en mantener su dominio sobre los más pobres y el resto del mundo, causando un daño considerable en casi todas partes en el proceso.
Por encima de todo, la fragilidad de Estados Unidos no es solo comercial y financiera, sino también civilizacional y política. Es el elefante en la habitación. Todo el mundo sabe que la cuestión del daño global dominará el siglo XXI, y que Estados Unidos tendrá que afrontar algún día sus responsabilidades históricas y responder a las demandas de justicia económica y reparaciones climáticas del Sur Global. Los partidarios de Trump pueden sumirse en la negación y la agresión militarista todo lo que quieran. Esto no cambiará el hecho de que el peso de Estados Unidos en la economía global no hará más que disminuir y que el país tendrá que aceptar estas realidades tarde o temprano.
Ante esta deriva militarista y el desastre que se avecina, Europa debe dotarse de los medios necesarios para ejercer influencia a escala mundial. Seamos claros: el uso de la fuerza contra un régimen que masacra a los manifestantes y oprime a su población puede estar justificado. Pero solo si se empieza por construir las coaliciones más amplias posibles y, lo que es más importante, por proponer un modelo de desarrollo y un método democrático para un proceso de transición, tanto en Irán como en otros lugares. Sin un plan para lo que vendrá después, sin prestar atención a lo que ocurre sobre el terreno una vez que se han lanzado las bombas, la intervención conjunta franco-británica en Libia (en 2011) no tuvo más éxito que la intervención estadounidense en Irak.
Para salir de los atolladeros del pasado, la solución no es seguir aumentando los presupuestos militares, que ya alcanzan niveles considerables en Europa. Lo que se necesita con urgencia es el establecimiento de estructuras comunes que permitan una toma de decisiones democrática y pluralista tanto sobre Irán como sobre Ucrania. Lo más triste de la situación actual es la incapacidad de Francia y Alemania para ponerse de acuerdo en nada. Incluso cuando el canciller alemán aboga por la incautación de activos rusos (una postura inusual para una liberal en materia económica), el presidente francés opta, inexplicablemente, por oponerse. Ante la deriva militarista de Estados Unidos, es hora de que los líderes europeos estén a la altura de las circunstancias.
Traducción del artículo original publicado el 10 de marzo de 2026 en el blog de Thomas Piketty.
jueves, 12 de marzo de 2026
El multimillonario fundador de Zara, Amancio Ortega, recibirá 3.230 millones de euros en dividendos
El pago al fundador de Inditex, la decimoquinta persona más rica del mundo, supera los 3.100 millones de euros en dividendos del año pasado.
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| Zara es propiedad de la española Inditex, la mayor cadena de moda del mundo. Fotografía: Vincent West/Reuters |
El multimillonario fundador de Zara recibirá este año un dividendo récord de 3.230 millones de euros de la mayor cadena minorista de moda del mundo.
Amancio Ortega, que sigue controlando el 59% de la española Inditex y cuya hija Marta Ortega Pérez es ahora presidenta, recibirá la mitad de su dividendo en mayo y la otra mitad en noviembre, al igual que el resto de accionistas.
Inditex, propietaria de una serie de cadenas de tiendas como Bershka, Massimo Dutti, Pull&Bear, Stradivarius y Oysho, anunció el miércoles que aumentaría sus dividendos en un 4% tras los "sólidos resultados operativos" obtenidos en 2025.
El pago supera ligeramente los 3.100 millones de euros en dividendos que recibió Ortega el año pasado. Tiene un patrimonio neto de unos 126.700 millones de dólares, lo que le convierte en la decimoquinta persona más rica del mundo, según el índice de multimillonarios de Bloomberg.
Las ventas de Inditex, que cuenta con 5.460 tiendas en más de 90 países y da empleo a más de 160.000 personas, aumentaron un 3,2% hasta alcanzar los 39.900 millones de euros en el año que finalizó el 31 de enero de 2026. El beneficio antes de impuestos aumentó un 5,8% hasta alcanzar los 8.000 millones de euros, según los resultados publicados el miércoles.
Aunque Inditex cerró 103 tiendas en todo el mundo el año pasado, trasladó sus unidades a establecimientos más grandes, lo que significa que su superficie total de venta aumentó.
Ortega, que este mes cumple 90 años, lanzó Zara desde una pequeña tienda en A Coruña, Galicia, en el norte de España, en 1975. Todavía se le ve con frecuencia en la sede central de Inditex charlando con el personal. Era un fabricante de ropa local que se abrió camino desde ser repartidor en una camisería hasta abrir su primera tienda.
En años anteriores, Ortega ha utilizado el pago de dividendos para financiar la compra de propiedades, entre ellas el edificio The Post de Londres, el edificio Haughwout de Nueva York y el Southeast Financial Center de Miami, según Bloomberg.
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| Marta Ortega Pérez y su padre, Amancio Ortega, fotografiados en 2012. Fotografía: Silverhub/REX/Shutterstock |
Según se informa, Ortega se apresuró a gastar los dividendos del año pasado en propiedades ante la imposición del impuesto sobre el patrimonio en España. Es el único país de la UE que cuenta con un impuesto sobre el patrimonio en toda regla, y los residentes están exentos de su pago si invierten sus ingresos en un plazo de 12 meses en activos considerados "actividad económica".
Inditex dijo el miércoles que esperaba abrir un 5% más de superficie comercial este año y seguir creciendo en Internet. Afirmó que había comenzado el nuevo año con fuerza, con un aumento de las ventas del 9% entre el 1 de febrero y el 8 de marzo, sin tener en cuenta el impacto de los tipos de cambio.
Inditex comunicó a los analistas que aún no había observado ninguna interrupción en el flujo de existencias debido a los disturbios en Oriente Medio, que suele actuar como centro neurálgico para la moda procedente de países productores como Bangladesh.
El grupo tiene previsto llevar Lefties, su marca de precios reducidos, al Reino Unido este año y también ha estado buscando más emplazamientos para The Apartment, un concepto que combina ropa y artículos para el hogar de alta gama de Zara en una tienda diseñada como la casa de un influencer. Inditex también está abriendo nuevos puntos de venta en Estados Unidos, Noruega y Dinamarca, así como su primera tienda en la isla caribeña de Curazao.
Inditex ha estado invirtiendo en tecnología y ha lanzado un sistema de prueba virtual basado en inteligencia artificial que permite a los compradores online crear un avatar a partir de sus propias fotos y generar imágenes de este con productos reales.
Traducción del artículo original publicado el 11 de marzo de 2026 en el diario británico The Guardian.
lunes, 9 de marzo de 2026
Pedro Sánchez: No a la guerra
Es ingenuo pensar que la escalada del conflicto en Irán conducirá a algo bueno, escribe el presidente del Gobierno español.
España tuvo su propia versión de ese momento. Nuestro entonces presidente, José María Aznar, dijo al público: "Pueden estar seguros... de que digo la verdad: el régimen iraquí tiene armas de destrucción masiva". Pocos le creyeron. Solo el 5% de los españoles apoyaba una intervención. De hecho, millones de personas salieron a la calle para oponerse a una guerra que consideraban ilegal, inmoral e innecesaria. Pero Aznar nos arrastró a ella de todos modos.
El resto es historia. Una historia triste. La guerra de Irak duró ocho años. Se cobró la vida de 300.000 personas, la mayoría de ellas civiles inocentes, y sumió a todo Oriente Medio en una inestabilidad cada vez mayor. También desencadenó la peor ola de inseguridad que había sufrido Europa desde la caída del muro de Berlín, lo que contribuyó a un aumento masivo del terrorismo, una crisis migratoria y subidas de precios que erosionaron el poder adquisitivo de millones de hogares. Una guerra presentada como una misión para difundir la democracia y la paz provocó exactamente lo contrario.
Hoy nos enfrentamos a una situación similar, y la posición de mi Gobierno es la misma que la sociedad española expresó hace dos décadas: NO A LA GUERRA. No a la violación unilateral del derecho internacional. No a repetir los errores del pasado. No a la idea de que los problemas del mundo se pueden resolver con bombas.
Esta postura no se deriva de ninguna antipatía hacia la Administración estadounidense, y menos aún de simpatía por el brutal régimen iraní. Mi Gobierno siempre ha apoyado el vínculo transatlántico y ha condenado de forma reiterada e inequívoca el terrible daño que los ayatolás han infligido a su propio pueblo —en particular a las mujeres— y a muchos países de la región.
Nuestra postura se basa en el hecho de que esta guerra es ilegal, supone una grave amenaza para el orden internacional basado en normas y es contraria a los intereses de la humanidad. Nadie sabe si contribuirá a la caída del régimen de línea dura. Lo que sí sabemos es que sus costes serán enormes y que no los soportarán solo los ayatolás. Los civiles iraníes los sufrirán de manera desproporcionada. Y el resto del mundo les seguirá con trastornos en el transporte, precios más altos, mayor inseguridad y mayor incertidumbre económica.
Un análisis previo del Banco Central Europeo estimaba que un bloqueo parcial del estrecho de Ormuz podría provocar que la zona euro perdiera 0,7 puntos porcentuales de crecimiento del PIB y ganara casi un punto de inflación en solo un año. Y ese análisis no contemplaba un conflicto militar de la magnitud que podría desarrollarse ahora.
La guerra contra Irán puede servir para aumentar los beneficios de las industrias relacionadas con el sector militar y para encubrir los problemas y deficiencias internos en determinados lugares. Pero no servirá para que Israel sea más seguro ni para promover una solución justa para Gaza. No debilitará a Vladimir Putin ni facilitará la paz en Ucrania. No ayudará a erradicar la pobreza en el Sur Global ni a combatir el cambio climático. Y, desde luego, no proporcionará salarios más altos, servicios públicos más sólidos y una vida mejor a nuestros ciudadanos en nuestro país.
Por todas estas razones, hemos decidido no autorizar a los Estados Unidos a utilizar las bases militares situadas en nuestro territorio para esta operación. Es nuestro derecho como país soberano y una posibilidad contemplada en nuestros acuerdos bilaterales. También es nuestra responsabilidad como guardianes del bienestar del pueblo español. Y es nuestro deber como miembros de la ONU y firmes defensores del derecho internacional. Los verdaderos aliados se deben apoyo mutuo en tiempos de dificultad, pero no obediencia ciega en un camino imprudente.
La guerra no es la respuesta. Por eso estamos trabajando con nuestros socios europeos y varios países de la región para forjar un consenso que permita rebajar la tensión, garantizar un alto el fuego y reabrir la vía de la diplomacia y la paz.
Algunos dirán que nuestra aspiración es ingenua. Pero lo verdaderamente ingenuo es creer que un intercambio cada vez más intenso de drones y misiles, como el que estamos presenciando, conducirá a algo bueno. Lo ingenuo es pensar que la democracia y la estabilidad surgirán de las cenizas. La historia ya ha puesto a prueba esa fórmula, y no funciona.
Afortunadamente, no estamos solos en esta forma de pensar. Muchos países han defendido una opinión similar en los últimos días, y espero que muchos otros sigan su ejemplo. Ha llegado el momento de elegir qué principio guiará nuestro futuro común en este siglo: el imperio de la fuerza o la fuerza de las normas. España siempre estará del lado del derecho internacional, la cooperación entre naciones y la protección de la vida humana. Ese es el mandato que nos dan los ciudadanos cuando nos eligen. Y es el único camino que permitirá a la humanidad avanzar y construir prosperidad para todos.
Traducción del artículo original publicado el 6 de marzo de 2026 en el diario británico The Economist.
viernes, 6 de marzo de 2026
Cómo Pedro Sánchez se convirtió en la némesis de Donald Trump en Europa
El presidente del Gobierno español le dice al presidente estadounidense lo que ningún otro líder europeo se atreve a decir, pero hay quien opina que ha calculado mal.
Al advertir que Estados Unidos corría el riesgo de desencadenar una espiral de guerra con su ataque “ilegal” contra Irán, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, también lanzó una reprimenda contundente a Donald Trump que ningún otro líder europeo se atrevería a hacer.
Argumentando que los políticos deben mejorar la vida de las personas, Sánchez afirmó: “Es absolutamente inaceptable que aquellos líderes que son incapaces de cumplir con ese deber utilicen el humo de la guerra para ocultar sus fracasos y, en el proceso, llenar los bolsillos de unos pocos, los únicos que ganan cuando el mundo deja de construir hospitales para empezar a fabricar misiles”.
Fue el tipo de burla —una alusión a la plutocracia y la desigualdad— que rara vez se escucha de forma tan explícita por parte de un líder de la UE. Algunos han intentado apelar a la vanidad y los intereses personales de Trump, ya sea mediante visitas de Estado, regalos dorados o torneos de golf. Otros han intentado imitar su ideología o simplemente han restado importancia a sus evidentes desacuerdos.
Pero Sánchez, que es el líder socialista más importante de la UE y se sitúa a la izquierda de su homólogo británico Keir Starmer, es el único que se enfrenta al presidente estadounidense.
Por el contrario, Sánchez se ha convertido en el chivo expiatorio “woke” perfecto para el movimiento Maga de Trump, el modelo de izquierdista europeo percibido como blando en materia de defensa, China y migración.
Tras más de un año de enemistad latente, la guerra en Oriente Medio ha llevado al límite el conflicto entre Trump y Sánchez.
La pregunta que se cierne sobre el líder español, un pacifista autoproclamado, es si ha ido demasiado lejos: no solo se ha negado a permitir que Estados Unidos utilice dos bases militares operadas conjuntamente en España para atacar Irán, sino que también ha lanzado una andanada contra los ataques estadounidense-israelíes comparándolos con la "injusta" invasión de Irak en 2003.
Trump, por su parte, ha amenazado con castigar a la "terrible" España por el veto a las bases cortando el comercio estadounidense con el país. "No queremos tener nada que ver con España", dijo el presidente estadounidense el lunes, planteando la posibilidad de un "embargo" general para detener el comercio.
Aunque Sánchez no ha sufrido más que críticas verbales hasta ahora, los analistas se preguntan si está a punto de sentir la ira de Trump.
“Irán representa un error de cálculo para España”, afirmó Juan Luis Manfredi, profesor titular de política exterior en la Universidad de Castilla-La Mancha. “Estados Unidos encontrará otros puertos o bases desde los que lanzar sus operaciones. España no gana nada con esta ecuación y corre el riesgo de reforzar su posición como oponente político en un momento especialmente delicado”.
Los sectores españoles que más exportan a Estados Unidos son el aceite de oliva, el vino, la cerámica, los equipos eléctricos y la maquinaria. Sin embargo, en términos agregados, España tiene menos exposición comercial directa con Estados Unidos que la zona euro en su conjunto, según el Banco de España. Estados Unidos recibió el 4,6% de las exportaciones españolas en 2025, muy por debajo de la media de los exportadores de la zona euro.
Sin embargo, la dependencia de España de las importaciones de gas estadounidense es un punto potencialmente delicado, señaló Manfredi.
El país es uno de los centros europeos de gas natural licuado y Estados Unidos representó el 31% de su suministro en los últimos 12 meses, cifra que ascendió al 44% en enero, según Enagás, el operador nacional de gas de España.
“Los precios de la energía podrían acabar con el actual Gobierno”, afirmó Manfredi.
Durante un tiempo, las diferencias ideológicas entre Trump y Sánchez beneficiaron a ambas partes. Plantar cara a Trump fue muy popular entre la base izquierdista de Sánchez e incluso entre los españoles que no simpatizaban con el presidente tras casi ocho años en el poder.
Amanda Sloat, antigua asesora para Europa del expresidente estadounidense Joe Biden y actualmente profesora de la IE University en España, afirmó: “Sánchez ha sido el líder europeo que de forma más constante y pública ha rechazado las medidas de Trump que no le gustan. Sus críticas públicas son aún más notables dado el silencio estudiado de la mayoría de los demás líderes europeos”.
Esto ha llamado la atención del movimiento Maga, incluido Elon Musk, uno de los críticos más feroces de Sánchez.
El mes pasado, después de que el presidente del Gobierno anunciara que trataría de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años, Musk dijo en su plataforma X: "El sucio Sánchez es un tirano y un traidor al pueblo español".
La Heritage Foundation, un grupo de expertos muy alineado con el movimiento Maga, ha criticado a España por culpar al proteccionismo estadounidense de las tensiones entre Estados Unidos y China.
El año pasado, mientras Sánchez se preparaba para visitar al presidente chino Xi Jinping por tercera vez en dos años, el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, advirtió que alinearse más estrechamente con China "sería como cortarse el cuello".
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| Comercio de bienes entre Estados Unidos y España declarado por Estados Unidos (miles de millones de dólares). Estados Unidos ha registrado un superávit comercial con España en los últimos años |
La Fundación Heritage también ha afirmado que los españoles están en peligro debido a la "poco seria" estrategia de seguridad nacional de Madrid.
El último enfrentamiento público de Sánchez con Trump se produjo el pasado mes de junio, cuando se negó a aceptar el nuevo requisito de la OTAN de destinar el 5% del PIB a defensa. El presidente acusó a España de querer "aprovecharse" y amenazó con "hacerles pagar el doble" en aranceles. Pero Estados Unidos no llevó a cabo su amenaza.
La naturaleza integrada de las cadenas de suministro europeas hace que sea difícil gravar los productos españoles con aranceles sin afectar a otros países de la UE. Pero Trump dispone de una amplia gama de herramientas, incluido un embargo total que podría ser mucho más perjudicial para España.
Bessent eludió una pregunta sobre un embargo en la CNBC el miércoles, pero afirmó: "Los españoles ponen en peligro la vida de los estadounidenses".
Más tarde ese mismo día, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, dijo que España había cambiado de rumbo y había aceptado "cooperar" con el ejército estadounidense. España "negó categóricamente" esa afirmación, y el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, dijo que su postura "no había cambiado ni un ápice".
Por su parte, el presidente francés, Emmanuel Macron, expresó su solidaridad con España en una llamada telefónica con Sánchez.
En su país, los detractores del presidente le han acusado de aplicar una política exterior diseñada para impulsar su fortuna política interna.
Paco Camas, director de opinión pública en España de la empresa de sondeos Ipsos, afirmó que la oposición de Sánchez a Trump ha creado un dilema para el Partido Popular, la principal fuerza de la oposición, cuyos votantes en su mayoría desaprueban al presidente estadounidense. Sin embargo, el partido populista de derecha Vox se muestra más dispuesto a ponerse del lado de Trump.
Camas afirmó que una ventaja aún mayor para Sánchez era que la guerra con Irán "le ha permitido tomar la iniciativa, tener su propia voz, ocupar espacio y llamar la atención".
En la escena internacional, Sánchez trató de evitar las acusaciones de que su postura era poco realista. "Creo que nuestra posición no es en absoluto ingenua", afirmó.
"No seremos cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses, simplemente por miedo a las represalias de alguien".
Traducción del artículo original publicado el 5 de marzo de 2026 en el diario británico Financial Times.





