El informe anual del Istat ofrece una imagen de una Italia resiliente, pero con un capital humano débil, escasa inversión tecnológica y una clase media empobrecida
Un país resiliente, capaz de adaptarse y reaccionar ante las crisis, gracias también a su capacidad para exportar. Pero con un importante descenso demográfico, un capital humano más débil y escasas inversiones tecnológicas en comparación con los países competidores. Factores estos sobre los que sería urgente intervenir para conservar y mejorar el bienestar de todos. Esta es la imagen de Italia que se desprende del Informe anual del Istat, el instituto nacional de estadística, que este año cumple cien años.
En la ponencia que pronunció ante la Cámara de Diputados, el presidente del Istat, Francesco Maria Chelli, resumió así el contenido de un trabajo que abarca desde la situación económica hasta la social: "En el último año, la economía italiana ha mostrado signos de resiliencia en un contexto mundial complejo". Pero, añadió, "el potencial de crecimiento sigue limitado por problemas de largo plazo, entre ellos la modesta evolución de la productividad", consecuencia del envejecimiento de la población activa y de la insuficiente inversión en educación e innovación tecnológica y digital. Basta con un dato: en 2025, el PIB italiano era superior al de 2007 en "apenas un 1,9%", mientras que Francia, Alemania y España crecieron "casi un 20%", según el informe.
El bienestar social en peligro
En el ámbito social, la fragmentación de las familias (el 37,1% están compuestas por una sola persona, mientras que los hijos únicos han aumentado hasta los 8,2 millones), las dificultades del sistema sanitario (sobre todo en relación con el creciente porcentaje de personas mayores) y el empobrecimiento de la clase media representan otros tantos retos que hay que afrontar. El declive demográfico exige, según subrayó Chelli, "evaluar con atención los riesgos de sostenibilidad para el sistema de bienestar social y para el sanitario" y poner en la agenda la "plena valorización de nuestros jóvenes (de quienes debemos retener el talento), cuya fuga se configura como una hemorragia de competencias que adquiere tintes especialmente críticos para el sur del país".
El caso español
En Italia, el PIB aumentó un 0,5% en 2025 (0,8% en 2024) gracias al consumo de los hogares y a la inversión. Para 2026, el crecimiento previsto es del 0,5%, pero con un fuerte riesgo a la baja, dada la situación internacional. El caso español, sobre el que se debate mucho, se ha analizado en profundidad en el informe. En los últimos años, España ha crecido más que los principales países de la zona del euro, incluida Italia: +9% entre 2022 y 2025 frente al +2,3% en Italia. Varios factores han contribuido al rendimiento ibérico. En el periodo 2022-25, el gasto público acumulado aumentó un 10,2% frente al 3,1% en Italia; la población de entre 15 y 64 años aumentó un 4,6%, "impulsada por la fuerte expansión del componente de extranjeros en situación regular (+22,3%; +4,6% en Italia)", lo que generó "un efecto acumulativo entre la oferta de trabajo y el consumo". Además, en Italia, el crecimiento de la inversión se ha "concentrado en gran medida en la construcción", mientras que en España se ha centrado en actividades relacionadas con la propiedad intelectual, con resultados significativos también en la capacidad "de captar la demanda internacional, no solo en el sector del turismo, sino también en el de los servicios de mayor contenido tecnológico".
Buenos resultados en exportaciones y empleo
La resiliencia italiana se ha puesto de manifiesto sobre todo en el ámbito de las exportaciones. "En comparación con 2019, las ventas al extranjero de productos italianos han aumentado un 34%», más que en la propia España (+32,2%), Francia (+18,5%) y Alemania (+17,5%). Y el empleo, en el mismo periodo (2019-2025), creció un 4,3%, más que en Alemania, pero menos que en Francia y España. La inflación está aumentando debido al encarecimiento de la energía: +2,8% el pasado mes de abril. Pero los salarios contractuales, en 2024 y en 2025, han subido más que los precios, aunque "la pérdida de poder adquisitivo con respecto a 2019 sigue siendo considerable, del 8,6%".
En materia de finanzas públicas, la deuda pública, del 137,1% del PIB en 2025, solo es superada en Europa por la de Grecia. A ello ha contribuido el gasto en el Superbonus y el Bonus facciate, que "superó los 190.000 millones".
La productividad, un punto débil
La productividad sigue siendo el talón de Aquiles de la economía. La productividad laboral, en el decenio 2015-2025, aumentó en promedio anual "apenas un 0,2%". Esto se debe a un incremento del número de personas ocupadas, sobre todo en los servicios de bajo valor añadido, al que no ha correspondido un nivel adecuado de inversión en innovación y digitalización, explica el informe. Por otra parte, "entre 2007 y 2024, el sector manufacturero perdió el 16,9% de su mano de obra, mientras que los servicios absorbieron casi 2 millones de nuevos empleados, sobre todo en la sanidad, el turismo y las actividades profesionales". Si a esto añadimos que, en la misma década, la población "ha disminuido en más de un millón", pasando de 60,2 a 58,9 millones, que su edad media ha aumentado hasta los 47,1 años, que "el saldo migratorio de los ciudadanos italianos se ha mantenido sistemáticamente negativo", con una pérdida neta de 590 000 personas, y que la inteligencia artificial ha llegado en 2025 al 16% de las empresas, pero faltan especialistas para hacerla funcionar, el panorama queda completo.
La clase media en dificultades
En el plano social, la clase media (renta familiar entre el 75% y el 200% del valor mediano) representa el 61,2% de los residentes, pero su evolución de los ingresos ha sido, en la última década, "decididamente menos sostenida que la de la clase acomodada, pero también que la de la clase más baja", favorecida por las medidas fiscales y de apoyo adoptadas por el Gobierno.
Desigualdades en materia de salud
Si bien la esperanza de vida media se alarga, "sin embargo, aumenta la proporción de la población que padece multimorbilidad (al menos dos enfermedades crónicas)". Se trata, explica el Informe, de nada menos que 12,8 millones de personas. Las diferencias territoriales y sociales en la esperanza de vida son marcadas: a los 30 años es inferior en 4,2 años entre los hombres con bajo nivel de estudios en comparación con los titulados universitarios, y en 2,8 años entre las mujeres. "A los 30 años, un hombre con bajo nivel educativo residente en las islas tiene una esperanza de vida residual inferior en 5,7 años a la de un coetáneo titulado universitario del noreste". A pesar de ello, "las regiones con alta prevalencia de enfermedades crónicas, como Calabria y Basilicata, reciben una financiación per cápita inferior a la media". Se pasa de los 2.490 euros per cápita de Emilia-Romaña a los 2.167 euros de Calabria.
Alarma sobre el uso de las redes sociales
En 2025, solo el 19% de las personas de entre 16 y 74 años había utilizado la inteligencia artificial, frente a una media de la UE del 32,7%. Por el contrario, el uso de Internet y de los dispositivos digitales está muy extendido: una media de 3 horas y 53 minutos al día, y una cuarta parte de los más jóvenes sigue conectada a las 11 de la noche. Y entre los jóvenes de 15 a 17 años, señala el informe, "el 15,5% de las chicas presenta un uso problemático" de estas herramientas, lo que genera adicción, estados de ansiedad y otros trastornos.
Traducción del artículo original publicado el 21 de mayo de 2026 en el diario italiano Corriere della Sera.

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