Un nuevo acuerdo sobre el enclave británico cambia las dificultades a corto plazo por beneficios a largo plazo
Las calles del casco antiguo de Gibraltar son una mezcla de Gran Bretaña y España: pubs y locales de apuestas junto a cafeterías al aire libre que sirven tapas. Entre el Tratado de Utrecht de 1713, cuando Gibraltar pasó oficialmente a manos británicas, y el Brexit, el territorio mantuvo un equilibrio entre su identidad británica y sus vínculos económicos con España. Un nuevo tratado, a punto de entrar en vigor, pondrá esto a prueba.
Gibraltar no estaba incluido en el acuerdo comercial de 2021 entre el Reino Unido y la UE, y este limbo supuso un quebradero de cabeza para los residentes y los 15.000 trabajadores que cruzan la frontera cada día. La fecha límite del 10 de abril, que obligaba a la recogida de datos biométricos en las fronteras de la UE, habría complicado los cruces, lo que impulsó a los negociadores a alcanzar un acuerdo. Ralentizar los cruces en la frontera terrestre era la "forma en que España nos recordaba su poder cuando las negociaciones no iban bien", afirma Nick Pecino, un corredor de seguros local.
Gibraltar suscribirá un acuerdo aduanero que permitirá la libre circulación de personas y mercancías a través de la frontera terrestre. La policía española controlará a las personas que entren por el aeropuerto de Gibraltar, de una forma que el Ministerio de Asuntos Exteriores ha comparado con los controles que Francia realiza a los viajeros del Eurostar en St Pancras. En el marco de una unión aduanera "a medida", los funcionarios de la UE se encargarán del despacho de aduana de las mercancías importadas que entren en Gibraltar. El tipo cero del IVA del enclave será sustituido por un impuesto sobre las transacciones que aumentará a lo largo de tres años hasta alcanzar el tipo mínimo del IVA de la UE, del 17%.
España llama a la frontera "la verja", tiene previsto derribarla. Las autoridades británicas y españolas gestionarán el aeropuerto. España podrá denegar las solicitudes de residencia de los gibraltareños.
Los gibraltareños afirman que el acuerdo evita una disputa desastrosa con su vecino. Los residentes de más edad recuerdan el bloqueo de 13 años iniciado por el dictador español Francisco Franco en 1969, que puso a prueba la economía. El acuerdo es "una buena noticia, comparado con la alternativa", afirma John Isola, de la Cámara de Comercio. Menos satisfechos están los conservadores británicos, que lo ven como un golpe al orgullo nacional. Reform UK denuncia "otra humillante rendición más de territorio británico".
La libertad en la frontera podría traer más delincuencia a este enclave, que es notablemente seguro, teme Pecino. También podría perjudicar a los comercios minoristas, que se han beneficiado de un IVA del 0%. Menos claro está el impacto en los servicios de Gibraltar. Un tercio de los coches británicos se matriculan a través de sus aseguradoras, señala Pecino.
El ministro principal, Fabián Picardo, admite que Gibraltar está cambiando "un sacrificio a corto plazo por una ganancia a largo plazo". En cuanto a la soberanía, se muestra más cauteloso. "No nos acerca a España más de lo que siempre hemos querido estar", afirma.
Traducción del artículo original publicado el 9 de abril de 2026 en la revista británica The Economist.

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