Gran beneficiario de los fondos europeos post-Covid, el país apuesta por un nuevo fondo soberano, bautizado como "España Crece", para mantener su impulso económico y atraer a los inversores.
¿Sobrevivirá el vigor del crecimiento español al fin de los fondos europeos post-Covid? Mientras Madrid se prepara para cobrar los últimos tramos de financiación llegados de Bruselas, algunos comienzan a preguntarse si el impulso ibérico se está agotando. España ha sido sin duda uno de los grandes beneficiarios, por detrás de Italia, del plan de reactivación europeo, que ha permitido desplegar, desde 2021, los fondos Next Generation EU. La distribución le ha dado acceso a una dotación de 163.000 millones, de los cuales 80.000 millones son ayudas directas y 83.000 millones son créditos.
Tras las dudas relacionadas con la lentitud en la puesta en marcha del plan y los obstáculos administrativos de todo tipo, el resultado está ahí. En cinco meses, el país ha recibido 80 000 millones de ayudas directas y ha obtenido 20 000 millones de créditos. Ha aplicado el 80 % de las reformas prometidas a Bruselas y se están llevando a cabo grandes proyectos de modernización, con la doble transformación verde y digital como ejes rectores. España ha salido de la pandemia con un ímpetu que, por el momento, no parece decaer, a pesar de los bloqueos políticos relacionados con la debilidad parlamentaria del Gobierno de Pedro Sánchez, que se suman a la incertidumbre de las elecciones europeas y a los riesgos geopolíticos internacionales. El país cerró 2025 con un crecimiento del 2,8%, que debería avanzar un 2,3% este año, según las últimas previsiones del FMI, y se confirma como la más dinámica de las grandes economías de la zona euro. Los inversores internacionales han convertido la península ibérica en uno de sus destinos preferidos, y el fondo estadounidense BlackRock señala a España como uno de sus tres grandes objetivos a escala mundial.
Esto se debe, en particular, al intenso desarrollo de las energías renovables, que permite acceder a una electricidad a buen precio, y al auge de nuevos polos de actividad innovadores, en torno a las gigafábricas de baterías, la producción de hidrógeno verde o las fábricas de semiconductores.
Los inversores internacionales han convertido a España en uno de sus destinos preferidos.
Queda por ver qué sucederá cuando la lluvia de subvenciones europeas llegue oficialmente a su fin, el próximo mes de agosto. Manuel Hidalgo, miembro del Centro de Investigación en Política Económica de Esade, relativiza el impacto de los fondos Next Generation, independientemente de lo que se piense. Según él, solo han desempeñado un papel marginal en la recuperación del crecimiento español de los últimos años, ya que en cinco años apenas han representado el 6% del PIB anual del país.
Economía más cualificada
Para él, atribuir la buena salud de la economía española a la ayuda de Bruselas sería una simplificación. "Aún no se han ejecutado todos los fondos y es demasiado pronto para evaluar su impacto en la economía real", insiste. Aunque se observa un avance hacia una economía más cualificada y una mejor valorización de las competencias, por el momento es difícil saber si los fondos tienen algo que ver con ello y en qué medida se traducen en ganancias de productividad. Sin embargo, sobre el papel, el plan era claro desde el principio: las ayudas de Bruselas iban a impulsar la gran modernización de la economía del país, que hasta ahora se había apoyado demasiado en actividades de bajo valor añadido, como el turismo o la construcción. En la práctica, esto es menos evidente. Sin duda, los sectores innovadores han experimentado un auge, pero sin el efecto multiplicador prometido, ya que no se han resuelto los problemas de disparidad territorial y las dificultades de las pequeñas empresas, que constituyen la mayor parte del tejido económico del país, señala Raymond Torres, director de coyuntura económica de la Fundación Funcas.
Renunciar al 75% de los préstamos
“Aunque los fondos han tenido un efecto multiplicador, las reformas no han tenido el impacto disruptivo esperado”, subraya, atribuyendo este fracaso, por un lado, a defectos en el diseño del programa en una fase previa y, por otro, a la pesadez de la burocracia española. La idea de dar prioridad a dos grandes ejes de intervención, la energía y la tecnología, era bienintencionada, pero resultó que había otras inversiones prioritarias, especialmente en el ámbito de la vivienda o las infraestructuras. Sin duda, habría sido preferible disponer de fondos con un despliegue más horizontal. Mientras que Madrid ha logrado desbloquear la totalidad de las subvenciones directas previstas en el programa de reactivación europeo, el Ministerio de Economía ha sorprendido al decidir renunciar al 75% de los préstamos previstos por Bruselas.
De este modo, renuncia a los cerca de 60.000 millones de euros disponibles en préstamos, asegurando que la buena salud del país le permite financiarse a tipos más bajos, con la gran ventaja de escapar del laberinto administrativo de Bruselas. Pero el Gobierno español va más allá y prepara el futuro. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, anunció el pasado 15 de enero la creación de un nuevo instrumento de financiación que tomará el relevo del plan de reactivación. Bautizado como "España crece", se trata de un fondo soberano diseñado para mantener y transformar el impulso transformador del plan de reactivación más allá de su periodo de vigencia, según explicó el ministro de Economía, Carlos Cuerpo. Inicialmente, se alimentará con una inyección de capital del Instituto de Crédito Oficial (ICO), con 10.500 millones de euros procedentes de los préstamos del plan de recuperación europeo, y luego se alimentará con una ampliación de capital de más de 60.000 millones que podría permitir movilizar hasta 120.000 millones en colaboración con el sector privado.
A la espera de conocer los detalles del dispositivo, este ha sido acogido favorablemente. «Podría permitir aprovechar la experiencia adquirida durante el despliegue de los fondos Next Generation", estima el economista de ESADE Manuel Hidalgo. Pero esta vez con una mayor flexibilidad de uso que podría permitir irrigar mejor la economía real.
Traducción del artículo original publicado el 4 de febrero de 2026 en el diario francés Les Echos.

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